Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

09 abril, 2016

¡Tan santa ella!


por Enrico Pomodoro  enviado especial a Curuzú Cuatiá

Salí del freezer donde me metí porque la última vez que escribí una nota costumbrista sobre un genial evento de pos-porno en una facultad tuve un petit problème con el piberío de la corte del Conde “A” que no entendió nada de nada y por ese escaso humor que las caracteriza -el mismo que no les permitió ver más allá de su cochambrosa mesita- una de sus comisionadas más mediáticas me trató de gorda pelotuda en el estreno de The Coñen la fantástica obra con la que mi íntima amiga Sonia Grasán se reinsertaba en la cartelera porteña luego de esa fascinante experiencia de la cárcel hondureña donde -como buena mina que es- se hizo intimísima de las otras reas a cambio de que no le chuparan demasiado la concha que se le irrita y luego el conchero duele.

Recalé en el blog de la muerta de hambre de la Pecoraro que se hace la linda con los tres libros que tiene publicados pero lo que no cuenta es que los regaló a todos. Vender lo que se dice, no vende ni su alma. Aunque eso podríamos llamarlo un mérito, algo difícil de emparentar con la Peco.
En el fondo es buena, me dijo "Enrico, guita no hay para pagarte, pero tengo un canje con un hostal de temática transviana en Curuzú Cuatiá que hacen buenos talamales y a la noche torneo de metegol. Y quién te dice hasta te sacan a bailar un chamamé".
Así que aquí me hallo en el medio de la provincia de Corrientes, con mi nueva Mac escribiendo animadamente. El Clonazepan hace maravillas si lo tomás con Beefeather.

Volviendo a la comisionada mediática, no es que no sea una pelotuda (yo, no ella), sino que (ella, no yo) suele ser de esa clase poca afecta al cleaning corporal, y eso no lo tolero. Porque como bien me enseñó mi padre, peronista de la primera hora de los del General Juan Domingo Perón (así con todas las palabras) agüita y jabón también es socialismo: gorda pelotuda dicho con Oraldine, suena mejor.
No es la primera que me lo gritan, incluso he tenido que escuchar atónita varias veces trola barata, pero, mamus, fue siempre en la calle.
Un ambigú teatral es cosa seria. Ahí nadie levanta la voz, salvo esta desubicada caripicada y olorosa.
Lo más difícil de sobrellevar -de todos modos- fue que entre lo del piberío, la comisionada mediática y el Conde “A” el doctor Burlando me aplicó un bosal legal que no me permite nombrar al Conde con su verdadero nombre, que por cierto no empieza con A.
Cosas doctas que no entiendo.


¿De qué tenía que escribir yo?


¡Ah, sí! Me acordé por lo de docta y conde.

¿Saben?, en estas sentidas palabras no busquen regocijo, sino piedad.
Porque hoy la jurisprudencia argentina tiene una perla menos. Mi amiga Bertha Noor, más que íntima sería decir casi yo, deja la toga a un lado y cual lebrel satisfecho mueve la cola rumbo a la libertad de un merecido topless en el Caribe, un justo dark room en Berlín, una ansiada caída de ojos en Estambul.
Bertha Noor fue, es y será -lo que se dice en forma popular- una pantera manflora agazapada por la Justicia de todo un país. Nadie como ella dio tanto por tan poco. Fue proba en su conducta y en su saber. Ejemplo de otras que la imitaron pero nunca llegaron ni al taco (alto) de su Jimmy Choo.

Injustamente criticada por el maritravatortillerío autóctono por no apoyar la querella contra el Cardenal Quarraccino que en 1995 le endilgaron a la vieja que borracha dijo no sé qué cosa de mandar a todas a coger a una isla o algo así, nadie recuerda que estuvo con las manos atadas por la escasez de miras de esos tiempos.
Víctima una vez más de los medios y las malas lenguas como aquella vez que dieron a conocer un video donde se la veía -tan culisuelta ella- probándose tangas bajo un cartel que decía claramente que “la ropa íntima no se prueba”. Sé de buena fuente (porque -y es primicia- compartimos secretario) que su osadía nunca tuvo que ver con malicia alguna sino con esa huella de atrevimiento juvenil empapada por las hermanas agustinas del St. Matthew´s College North.
Rebeldía que -vale decir- hoy imprime el papado de nuestro querido hermano Francisco Iº.

Bertha fue injustamente castiga, insultada, apedreada y arrastrada por tantas malas personas, ciegas de odio que no supieron ver la luz que emanaba su aura.
Pero ella resucitó una y mil veces fulgurante cual diamante, porque siempre tuvo ese don de Grand Dame merecedora de la reverencia real que más de una obtuvo con muchísimo menos talento y en varios casos, con ninguno.

Querida amiga Noor, ahora peinarás canas bajo el algarrobo centenario de tu chacra y tu figura otoñal tendrá la magia de ese maestro griego faro y guía para los efebos hambrientos de un plato de sabiduría servido de manos generosas, a los que guiarás tú también -desconsiderada- al Paraninfo. 

Salud Bertha Noor, poca vida y mucha vergüenza, como dice la Shock (¿O era al revés).

Levanto este Dry Martini por vos.
Gracias por tanto.

Besis,  

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