Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

03 abril, 2016

Love is strange



Las personas mayores existen y las personas LGTBI mayores también.
Love is strange, la última película de Ira Sachs, habla de eso.
Una historia que no necesita extenderse hacia la corrección política queer de contar algo que abarque a todas las identidades (que sin embargo abarca un destino común - más allá de esas identidades-) y que plantea el futuro de quienes soplen más de 60 velas y aún más.
Habla de viejas y viejos que de ninguna manera deben ser seres que solo se tienen que limitar a sobrevivir.
La vejez y la pobreza desprivilegia a cualquiera, pero la sexualidad diversa de lxs mayores, aún más.
Alfred Molina y John Lithgow interpretan a George y Ben, dos viejos homosexuales de clase media bohemia de New York (en los Estados Unidos) que después de haber podido casarse -llevan 40 años de relación y una vida vacía de derechos legales y mucho Reagan y Bush- deben enfrentarse a una situación de despojo social producto de las políticas de discriminación que la Iglesia aplica también -a no dudarlo- en el reino de Harvey Milk, Broadway o el barrio Castro. Sin dinero suficiente, los recién casados se convierten en simples “sin vivienda” que deben pedir asilo a sus amistades y familiares: el último recurso. Un último y -en muchos casos- incómodo recurso que se agradece desmonte el consabido relato de mostrar -sobre todo en el cine yanqui- los privilegios de clase del mundo gay de las grandes ciudades.
Dice Ben en relación a la convivencia con la familia de su sobrino que lo acoge: "No, no...son muy amables. Pero, a veces, vivir con la gente te hace conocerla más de lo que te gustaría" .
Perdido todo, o casi todo, el difícil convivir con la tecnología y la modernidad que el mundo nuevo les presenta, los interroga. En otra escena uno de los amigos dueños del departamento donde se quedará George y mucho más joven, le explica quién es Daenerys Targaryen de Games of Throne
“-¿Nunca la viste? Ella es genial. La amo. ¡Es tan regia!
- Si, ya veo”

Las Reinas siempre presentes.
La antigua bohemia de Ben y George estalla pero sus restos aún permiten buscar ese compañerismo de toda una vida que necesita dormirlos juntos para poder dormir: “Todo lo que sé es que después de 39 años es difícil conciliar el sueño sin vos. Esta situación en la que nos encontramos me está jodiendo el patrón del sueño”, dice Lithgow.
Una última vez se los ve juntos en la película  festejando el cambio de destino pronto y relajante, aunque provoque un momento especial con escenita de celos incluida: dos viejos maricas se toman un par de tragos en un bar gay en una noche más como desde hace 40 años; y sabe -quién pide- qué toma y cómo lo toma el otro.
Textura de una piel grabada en la yema de los dedos. Saberse en mirarse a los ojos. Entender con un gesto repetido por años.
Vejez, diversidad sexual, pobreza y amor.
Y la enorme posibilidad de sentirse afortunado para el resto de la vida -aún- cuando los cuerpos se venzan y deje de brillar la piel.

No hay comentarios: