Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

30 abril, 2016

Last night

Última noche en el departamento que alquilé durante tres años en el Pasaje Rauch por donde pasó mucha agua bajo el puente: un amor profundo que se convirtió en nada, amigos que fueron y vinieron, proyectos, viajes, un risotto que se enfrío dos veces -pero nunca más-, entender que la admiración no garpa, y bastantes momentos buenos de buenos descorches.
En fin, algo común que pasa en la vida de las personas.
Al mediodía empecé a levantar fiebre y estuve y sigo en cama.
Así me despido del lugar que fue mi refugio, mi casa, mi alambique de proyectos. El cuerpo parece que de alguna manera está protestando entre melancolía, mocos y tos.
Pero mañana es otro día.
Hará frío y habrá sol, ¡mi clima ideal!.
Voy a hacerme un café como todas las mañanas, intentaré no olvidarme de nada, esperaré sentando mucho tiempo antes que llegue la mudadora, me pondré nervioso, ansioso, insoportable, neuróticamente obsesivo, TOC.
Pero no me voy a detener.
No vale la pena detenerse ni aún cuando hay dolor.
Como decía Perlongher "Siempre hay un otro que después nos sigue. Después del bar donde vació la copa donde dejamos sin querer rodar el camafeo de su madre, o bizcos demasiado, lo vimos orinar. Siempre hay un otro que después nos rompe el alma a la salida".
Uso este texto como presentación de mi blog.
Parece triste pero para mí es de una vitalidad hermosa.
Seguimos -sigo- a pesar de todo. A pesar de aquel otro que me rompió el alma a la salida.

No hay comentarios: