Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

20 julio, 2014

4 años de Matrimonio Igualitario en Argentina


Se cumplen 4 años de la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario en Argentina, que supuso una bisagra en cuanto a los derechos de la comunidad LGTBI, y posicionó al país -en relación al marco de derechos legales para las personas homosexuales, lesbianas y transexuales (junto con la Ley de Identidad de Género aprobada en 2011)- como vanguardia indiscutida en la región y en el mundo entero.
Más allá de los diferentes problemas que la regulación de la Ley de Identidad de Género está teniendo, o la escala de violencia sobre todo hacia el colectivo trans, o el diferente impacto social que estos derechos tienen si se vive en una gran ciudad, una pequeña, o en un pueblo; hoy por hoy en Argentina hay una legislación de protección en cuanto a la igualdad de derechos en matrimonio, adopción, herencia, e identidad para las personas LGTBI, algo que no sucede en Rusia, o en los países árabes, o Nigeria, Sudán, o los países del caribe inglés, pero tampoco en China, Brasil, Cuba o Chile.
En lo específico al matrimonio igualitario Argentina es vanguardia en relación por ejemplo a Estados Unidos donde estas uniones están autorizadas en algunos estados y en cambio prohibidas en una treintena de ellos; o a países que permiten uniones civiles de personas del mismo sexo (con derechos similares a los del matrimonio, aunque sin esa denominación) como Alemania, Irlanda, Israel o la República Checa.
Mirando hacia Latinoamérica, y por citar sólo dos ejemplos, el año pasado en Colombia el Senado de ese país rechazó el proyecto de ley de matrimonio igualitario.
Hace unos meses en Perú la Comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso convirtió los proyectos de Ley de Unión Civil y de Patrimonio Compartido en un solo proyecto de Unión Solidaria entre dos personas cualesquiera, sean heterosexuales u homosexuales, sin reconocerlas como familia, ni como pareja, y sin otorgarles ningún tipo de derechos, modificando completamente el reclamo de la comunidad LGTBI peruana (
ver nota en Corresponsales Clave http://www.corresponsalesclave.org/2014/06/muere-la-ley-de-union-civil-en-peru.html).
Casi 40 años de lucha LGTBI en Argentina con distintas experiencias organizativas, encontró en 2010 las condiciones políticas de interacción entre los reclamos de la comunidad, el Estado, y los distintos partidos políticos, factores todos que sumados al debate en los diferentes ámbitos de la sociedad desembocaron en la aprobación de una ley que no sólo trae felicidad a quienes se casan, sino que indudablemente mejora la calidad de la sociedad toda.
Según datos de la FALGBT (Federación Argentina LGBT) y de la CHA (Comunidad Homosexual Argentina) desde su aprobación hasta la fecha han sido concretados más de 7000 casamientos igualitarios, cifra en principio escasa para la cantidad poblacional que representa la comunidad LGTBI de Argentina, pero valiosa para ejemplificar la igualdad de derechos.
Quiénes no consideramos al matrimonio igualitario como una propuesta para nuestras propias vidas debemos festejar los 4 años de la Ley de Matrimonio Igualitario.
Como debemos festejar que haya educación gratuita aunque no tengamos hijos, o sanidad universal y obligatoria aunque no estemos enfermos, o poder votar aunque seamos abstencionistas.
Sin esta Ley, y sin la posibilidad de casarse, muchas personas LGTBI no hubieran podido tomar decisiones o simplemente estar al lado en los últimos momentos de vida de sus parejas. Tampoco poder resolver cuestiones prácticas en relación a sus hijos. O testamentarios sobre las posiciones compartidas.
Esta Ley viene a resolver situaciones de afecto, pero también situaciones prácticas de desigualdad. Y todos los derechos conquistados que nos igualan deben ser festejados.
También sirve para marcar referencialidad en igualdad de derechos que viene muy bien en estos tiempos de contraofensiva conservadora mundial.
Hay otros debates complementarios, que sirven para advertirnos y singularizaros para que la sociedad no nos encorsete en sus límites permitidos.
El matrimonio igualitario debe ser una herramienta que iguale derechos pero no una herramienta que reproduzca la heteronormatividad.
Ni una herramienta que obligue a que todas las personas LGTBI debemos ser iguales y pretender para nuestras relaciones una libreta que nos transforme en esposos.
Sí debemos pelear (así como hicimos para que se aprobara esta ley) por mantener este derecho.
En ese sentido, y pensando hoy y desde hace tiempo que el matrimonio civil entre personas del mismo sexo no entrará jamás en mi construcción de vida, la sola existencia de esa Ley, me permite pensarme con un derecho que si quisiera utilizar en un futuro, estará ahí como está para todas y todos quienes lo pueden y quieren utilizar hoy.

Llevamos un largo camino que debe ser también de festejos de vez en cuando.