Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

01 agosto, 2012

Inédito


Acostado en todo el ancho de la cama puedo sentir aún nuestra batalla.
El calor de la calentura caliente y de nervios no pudo dominar nada.
Todo fue suave, duro, piel y cuero.
Boca.
Puños.
Dedos.
Besos.
Caricias.
Tus ojos rojos se hacían verdes cuando respirabas.
Yo pensé que eras más que maná del cielo o coral del fondo del mar
que debias estar allí en mi cama
deuda de otra vida
o lo que fuere que nos pasó en el preciso instante en que me declare tu esclavo para siempre.
 

Soy terrible.
Sos bello.
 

Armonía obligada para quienes no pretendan ser nada más que dos amantes aburridos.
Merecido premio a quienes se atreven a fundirse en un abrazo de sueño apurado.
Poema que debió ser poema antes.
 


(inédito)
Julio 2012

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