Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

17 septiembre, 2011

Un joven y un angel


Entré a ese cuarto detenido en el tiempo donde reinaba un silencio roto cada tanto por el locutor de teve que transmitía un simple partido de tenis.
La excusa para no pensar demasiado. Set a set.

Me extraño la tristeza de todos, sólo el médico sonreía como un capo de la hinchada,
-o como un bufón- con voz grave,
y vital.

Más allá en medio de una de las camas estaba Él; sería imposible no verlo.
Tendría poco más de 20 años.
Pensé ¿será pelirrojo?. Sexy lo era, sin dudas.
Con enormes ojos melancólicos "de bilis negra" -diría un sabio-;
o de "gris de grisáceas grisitudes" -aportaría otro-.

Me llamaron la atención sus enormes pies,
enfundados en un par de zapatillas de precio millonario
que contrastaban mercantilismo con la melancolía de sus ojos,
perdidos en la pantalla.
¿O más allá?

Me pregunté en medio minuto todo la composición de su vida.

¿Amaría a alguién?
¿Alguién lo amaría?
¿Habría podido hacerle el amor a una persona que deseara?
¿Conocería la dulzura de los besos?.

Parecía del estilo de los deportistas,
con hombros gruesos y una virilidad tranquila de deporte de equipo.
¿Sería un pivot en el Rugby? ¿O un centrocampista en Fútbol?.

Me quedé mirándolo un momento con emociones extrañas,
deseo,
pena,
angustia,

¿amor?.

Él, estaba en otra,
y tenía la timidez de los que compartimos un secreto en medio del griterío.

Las otras personas que había en el cuarto,
dos mujeres, y un hombre flaco y mal afeitado, habían desaparecido.

Éramos él y yo;
y el médico vital y de voz grave.

Se movió para buscar algo,
pero su mirada siguió allá ¿quién sabe donde?.
Eran unas galletitas que sacaba de un bolsa de nylon,
y comía automáticamente, sin que su mirada volviera.

La medicación le habría hecho perder el pelo, totalmente.
Me gustaba.
Siempre me gustaron los pelados; como los Skin-Rot de Berlin.
No creo que el estuviera muy conforme con lo que digo.

Seguramente,
imagino,
le encantaría tener una melena larga que le golpeara la espalda y le llenara la frente.
Lo pensé inmediatamente lleno de rulos;
rubio, elijo ahora.

Su piel llevaba todas las marcas de lo que nadie puede ocultar.
Era muy blanca, casi traslucida, débil, apagada, vieja.
Me molestó. Me enojé mucho.
¿Cómo ese joven que me despertaba tanto deseo podía tener esa piel?.


Llegó mi turno,
fue rápido, normal, extraño.
En algun lugar agradecí no tener que hacerlo en una camilla.
Expuesto.

Sentí un alivio, a pesar de todo.

En realidad no se como sería de verdad ese joven tan bello,
tirado en esa camilla, conectado a su quimioterapia.
Ahora que lo pienso, era como un angel.
De esos que te protejen,
los de la guarda.

El Cáncer, no es una larga y penosa enfermedad.
Es simplemente Cáncer.

Creo que la magia puede aparece donde la necesitemos.

(gracias Gastón Malgieri)

No hay comentarios: