Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

16 septiembre, 2011

Amor de Divas y Maricas



Un día puse junto al poster de un jugador de futbol, el de una cantante.

Con el tiempo esa mujer exitosa,
se cansó de que la crítica no le perdona el paso de los años,
…o querer ser feliz lejos de las cámaras,
…o comer, beber, coger cuanto quisiera o con quien quisiera.
Ser libre.

Me di cuenta que admiraba a esa mujer,
mientras me daba cuenta que amaba a un hombre.

Algunos las esconden en sus mentes, como hacen con su dignidad.
Yo elijo no olvidarlas, porque me llenaron de sueños, por si me hicieran falta más.
¿Cómo voy a serles infiel con unas recién llegadas todas pintarrajeadas de verde?

A pesar de tanto mandato de macho, tanta cancha de futbol, tantas preguntas sin contestar,
se me lleno el oído de Mina, Barbra, Shirley, Bethania, Bette…Marilina.
Mi victorioso equipo.
Criadero de putos y maricones,
a quienes debemos esas melodías que tarareamos siempre,
esas lágrimas que se nos caen cuando las vemos mayores
o las recordamos eternas como los diamantes.

Casi como si hubiera que alimentar un tópico de Freud porque sí,
son esas mujeres inalcanzables que nos abrazan desde lejos, y saben,
con total seguridad,
que las amamos.

Ellas eran lo que eran;
y nosotros también.
Libres.

Este romance entre Divas y Maricas es una larga historia llena de pasiones y fidelidad.

Tiene que ver muchas cosas:
con el recuerdo, con la edad que avanza,
con la identidad,
y con que es difícil reemplazar  ciertas cosas que nos ocurrieron,
que se instalan como los viejos amores,
en medio del corazón,
y se quedan para siempre…
acompañándonos.

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