Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

27 julio, 2011

Roberto


El monito, como lo solía llamar, murió en un hospicio de monjas, ciego y sin recuerdos.

Lo amé con esos amores juveniles y locos,
que cuando terminan se llenan de odio para tapar tanta pérdida.

Rompí todas sus fotos,
tiré sus regalos,
y oculté los recuerdos que nos pertenecían.

Una vez, años después nos cruzamos.
Con esa sonrisa compradora,
la que desvelaba mis antiguas noches,
me dijo:
“Sos el hombre que mas amé en mi vida“.

Fue la última vez que lo vi.

Guardo su mirada brillante,
sus ojos verdes y esa piel de aceituna
en mi selectiva memoria.

Cofre de joyas reservado sólo
al amor y la verdad.

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