Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

29 mayo, 2011

Dolor de madrugada


Cómo decirte, amigo, que me enfrento a un espejo y veo que mi cuerpo va cambiando;
mutando de fatiga, dolores, y cansancio.
Cómo explicarte que una oleada de movimientos independientes se apoderaron de mi tranquilidad, -invadieron mi seguridad-
abriendo diálogos entre la integridad y el vacío,
destruyendo cada tanto la confianza,
comprobando como lo inevitable se acerca demasiado rápido.
Cómo poner en palabras, las noches tras noches tras noches de insomnios, cortadas al medio por espamos de hielo,
de rodillas,
vaciándome aferrado al blanco marmol del frío suelo, del solitario cuarto.
Cómo resurgir cada mañana, dientes limpios,
a transitar una vida mediocre que me otorgan,
con espadas en alto de coraje y capas de seda de lenguaje.
Cómo plantear en cuatro estrofas,
que me canso cada tanto,
cuando grito de dolor sin saberlo,
asquiado de pesares,
con más ganas de muertes que de días.

Bésame las manos y límpiame la boca sucia;
acuéstame en la cama;
cúbreme con aquella manta azul y,
baja la luz tan tenue como en una nana;
y dame,
-al menos por este relato-
una excusa brava para encontrar el sentido a tanta injusticia.

Todos merecemos algo mejor que sufrir por un dolor que no viene del amor.

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