Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

31 octubre, 2010

Una pequeña reflexión



La muerte de Néstor Kirchner me ha llevado a cuestionar algunas de mis opiniones.
Quiero aclarar -como muchos y muchas de los y las que hablamos ahora sobre este hombre- que no comulgué con sus ideas; nunca fui peronista, ni kirchnerista, ni lo voté; y me es precioso recordar -más ahora que nunca- que jamás estuve cerca de esa lacra oportunista y derechona de los Macri, Duhalde, Alfonsín, Bullrich, Carrió o De Narvaez, y siguen las firmas.
Por hacer una imagen -si fuera necesaria- me ubico en ese confuso, ancho, y heterogéneo espacio que se llama el progresismo o izquierda, lejos de sus supuestos representantes vernáculos -las decenas de fracciones MTD, PTS, MST, MAS, PO, PUCH, IM, BOL- que exhiben su sectarismo y sus disputas -ellos también- en las calles.

En esencia soy un independiente más, de los millones que hay en Argentina.

En esta Argentina en la que los cuervos bromean; donde -las hienas carroñeras- festejan; y los menos, los de la ostia consagrada y la mano entre las piernas ajenas, dan gracias a su Dios.
Cientos de miles, tal vez, millones, sienten dolor por la pérdida del político que había conseguido de esa gente lo más preciado: su confianza.
Muchas veces a lo largo de estos días de televisión y duelo, he escuchado: “estoy acá para despedirme de él, aunque yo no lo había votado”.
Me resuena aún más hoy, cuando las flores se van secando con el viento austral, y de repente todo brilla de nuevo, después de llorar tantas horas.


Como activista de la comunidad LGBT muchas veces he tenido la oportunidad de expresar a mis compañeras y compañeros, mis dudas sobre el gobierno de Cristina y Néstor; sobre todo por su rol de socio de algunos sectores nefastos de la burocracia sindical de la CGT; o por el poco claro crecimiento económico anual de la fortuna personal de Néstor Kirchner; o por su política para tirar abajo el 82% móvil; o por la permisibilidad con ciertos personajes más que siniestros como Moreno del Indec.
No puedo olvidarme como militante gay desde principios de los ochenta, de los años donde no había puertas abiertas a nuestros reclamos y del papel que muchos y muchas de este gobierno jugaron en el Menemato.
Pero, como alguien me dijo anoche, hoy hay que tener más contemporización.
Hay que ver los procesos como procesos nuevos.
Nuevos procesos, nuevos actores, nuevas actrices, nuevos roles, nueva realidad.

Ninguno de los honestos compañeros y ninguna de las honestas compañeras a los y las que pude expresar mis diferencias defendieron estos argumentos, por el contrario, hasta lo abonaban.

Pero, ¿y los logros del ex presidente?

¿Quién puede borrar la sonrisa de miles y miles de personas en este país ante la orden de Kirchner de bajar el cuadro del genocida Videla de las paredes del Colegio Militar?.

¿Quién puede negar que fue el primer gobierno que intentó desregularizar los medios para acabar con el monopolio de las grandes multinacionales?

¿Quién va a alzar la voz para quitarle peso al logro gigante de la Ley de Matrimonio Igualitario, y la tremenda bofetada que fue para la Iglesia Católica?

A veces de tanto quejarnos con el ¿cuánto falta?, nos olvidamos ver que ya llegamos.

Una parte muy grande de este país está hablando claramente de su alegría y su satisfacción por lo conseguido; de su felicidad por sentirse de nuevo orgulloso de la política; de creer en alguien luego de años de Menemismo; de sentirse patriota; latinoamericano; nacional; popular.
Como dijo un amigo por ahí: “…no me lo contaron; (yo lo) conocí”.

¿Quién soy yo para negar esos sentimientos?.

¿Cómo puedo atreverme a pinchar esa hermosa ilusión, ese orgullo, esa satisfacción?.

Entre tanta mierda de desaliento, y profecías de caos, me quedo con las lagrimas de los cientos de miles de jóvenes con los dedos en v.
Cambio las editoriales milicas de los Rosendo Fraga, por la fuerza de los ojos vidriosos de mis amigos y amigas militantes LGBT.
Escupo en los titulares de la TV, que no han podido dejar un minuto de llevar agua para su costal; y me acurruco en la creencia de tantas y tantos con los que peleo en la calle.
Aplasto el oportunismo de la derecha, y el sectarismo de la izquierda, con mis palabras que me hacen sentir honesto, una vez más.
Acepto y me los banco los dedos señalantes: ¡trotsko!, ¡traidor!, ¡kirchnerista!, ¡gorila!, ¡quebrado!, ¡pequeño burgués!. Siempre fui el gordito que quedaba al final del sorteo del picado; sin embargo cuesta mucho más comprender ahora, cuando por un lado y por otro te tratan de ubicar en el otro equipo.

Mantener mis ideas no significa comprar un boleto a la negación.
Quiero tender la mano para sostener, y caminar el tramo que podamos caminar juntos y juntas.
No me siento cómodo ajeno a todo este dolor; y siento dolor por ese dolor ajeno.

Ampliemos nuestras las definiciones y démonos cuenta que estamos mucho más junto, aún cuando nos etiqueten distintos y distintas.
A ver cuando empezamos a entender que la opinión ajena no es un puñal.
Ya lo dice el refrán, las opiniones son como los culos, todas y todos tenemos uno.

Siempre para otros y otras, somos otra cosa...¿pero qué sentimos realmente nosotros y nosotras?.

Hace poco mi amigo Luis me dijo que yo estaba siendo conciliador, y me dí cuenta que sí; que quiero una idea grande, un país de respeto, un lugar donde poder sentir que crecemos, que servimos todos y todas, que el de enfrente también tiene una parte de mi vereda y que la suya también me pertenece.
Una sociedad política donde no haya tantos extremos y que no haya miedo al disenso.
El respeto une y educa.

Hablamos con venganza del de allá, porque nos inculcan que debemos crecer en la división.
Esa división, que siempre sirve a los mismos y las mismas.
La derecha, la Iglesia, las multinacionales, y la reacción son el verdadero enemigo.
Las y los demás, simplemente estamos, andamos, creemos, lloramos, pensamos distintos.
Y nos encontramos en la calle, bajo la misma bandera: la libertad.

Hoy habló el pueblo, quienes nunca hablan; hasta que rompen el silencio y son ellas y ellos los y las que mandan.

Yo soy parte del pueblo también.

Fotografía: Fuentes2Fernández Fotografías
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