Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

07 julio, 2010

Putos, trolos, maricas y maricones


Los putos hemos nacido respirando el mismo aire que la madre que nos parió y el padre que también;
llenamos años de secretos, miedos, mentiras a medida del tiempo, agachando la cabeza en la verguenza de la escuela cuando el que nos cojía se burlaba en grupo...el maricón seguíamos siendo sólo nosotros.
Los trolos hemos aprendido a buscar nuestra banda a golpe de humillaciones, cuando comienzan las ganas con el mejor amigo, y las mamás van disimulando las novedades con jaquecas y los padres se meten de lleno en la Oral Deportiva.
Hemos conseguido respirar nuevamente donde el dolor ajeno se transformaba en aire, acaso no viendo más allá que cuatro estrofas.
Crecimos al deseo en cuartos pedorros expuestos a la verdad, sin nada más -¡nada menos!- que expectativas.
Hemos florecido, los putos, con la Primavera que llega inexorablemente, y aparta de un golpazo los miedos, los secretos y las mentiras, y nos llena de flores el alma; de ilusión la cabeza; de posibilidades el futuro.
Los trolos, dimos la lección más grande que nadie ha dado: aprendimos a reírnos de nuestras debilidades, y cuando tiramos la tragedia a la mierda, llenamos de música la calle, transformamos en una fiesta la falta de derechos que los monjes provinciales nos quieren dictar, esos que viste de perlé, perlados hasta el culo, avidos de niños inofensivos, poder, muerte.
¿Acaso alguién les pide que dejen de mentirse a si mismos, agendados en chongos, llenos de leche bendita que les llena la boca bendita, llena de palabras de mugre que alimentamos todos con nuestros impuestos benditos?
Nosotros los putos no necesitamos nunca que nos dieran permiso para sobrevivir a la vida que nos habían preparado, la de la casita blanca y la humillación negra;
los trolos -nosotros- no estamos pidiendo permiso. Nunca lo pedimos;
los maricas -nosotros- no queremos su permiso, ni su indulgencia, ni su lástima.
Queremos nuestros derechos y vamos a conseguirlo como todo, a fuerza de golpe de tacón y extasis de purpurina, porque así somos, trolos, putos, maricas, maricones, y muy luchadores.
Volveremos a la calle, como en Stonewall, o como en el Carretas de Madrid, y nos besaremos en París debajo del Arco del Triunfo, o en Buenos Aires en cualquier calle que nos pertenezca porque sí.
No se confundan, sabemos que la calle es nuestra mejor aliada.

Tus ojos



Siento esta cosa acá dentro, y yo no sé esconder:
no tengo mucha plata, pero si la tuviera compraría una casa enorme para que en ella vivamos los dos.
Si fuera escultor o uno de esos que hace pociones y va con su show de pueblo en pueblo.
Pero no lo soy.
Y sé que no es mucho pero es lo que mejor sé hacer: mi regalo es mi canción, y esta es para vos.
Y se lo podés decir a todos, esta es tu canción.
Ya terminada, y puede que sea muy simple, espero no te moleste que haya puesto en palabras que la vida en el mundo es maravillosa porque estás vos.

Me senté en el techo, le arranqué algo del musgo.
La verdad, algunos de los versos no me fueron fáciles.
Pero el sol se portó muy amable conmigo mientras escribía pensando en gente como vos, que lo mantiene encendido.
Así que perdoná que me olvide, que siempre me olvide.
De todos modos, lo que realmente quiero decir es que si bien no recuerdo si son verdes o azules, los tuyos son los ojes más dulces que jamás haya visto.





Gracias Bernie Taupin