Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

16 junio, 2010

Caballeros y guerreros



Me levanto y me acuesto pensándote.
Acaso debajo de tanta devoción haya cierta verdad que no vea...
...la ceguera puede ser una amenaza dichosa.
Mis palabras se amontonan dentro de la boca; quiero enamorar las frases con mis dudas;
...acaso llorar, -que ya es parte de mi día-, y no necesariamente de tristeza;
ahora hay olores, lugares, miradas, ojos, manos alentadoras que emocionan.
Los desafíos de esta ciudad me golpean todo el tiempo, y simplemente me ayudan a confudirme mucho más.
Empiezo a pensar de nuevo en cruzar el charco, y a no poder dejar todo lo que encontré de repente.
No puedo por ejemplo, despertar sin cebarte un mate.
Mirar sin encontrar tus ojos.
Tocar sin recorrer tu cuerpo.
Besar sin besar tu boca.
Me desgarro en soledad; así lo he decidido.
Tengo tantas ganas de estar como de irme; pero ahora cambiaron las medidas de la balanza.
Los números empieza a tener importancia: 23:20, 14, 2, 1 y los que quieras aportar.
Me enrollo con valores de caballeros, de romanticismo barroco, de hidalgos, y proezas.
Me propongo cabalgar al infinito para tener la gloria -tu gloria precisamente- ...y llevarla en alto como un rojo pabellón.
Escupiré muy alto para mojar las nubes y maldeciré a los vientos para apresurar el tiempo.
Pero un día tras otro renovaré la alegría, cuando sin más garantía que la sonrisa de tu cara, me acerque a vos y me sienta feliz.

Todavía quedamos hombres así.