Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

16 marzo, 2010

...enloquecido


Nos educan con corsettes de almidón grueso y áspero, cañiso, a aprender a comportarnos como seres humanos, dicen. Establecen desde siempre una medida de unidad, para alejarnos -si se puede- de la pasión y la locura que todos necesitamos para vivir. Despacio nos van moldeando los dientes, el pelo, las cinturas, el habla. Provocan que pensar sea algo sólo de algunos: los librepensadores. Esos cultos poetas o estúpidos secuaces que repiten en nuestros oidos lo que hoy tenemos de menú.
Y de pronto: la realidad.
Se llena nuestra cabeza de unos ojos; necesitan nuestras brazos esa piel; la boca se nos hace más boca con otra boca; y al menos por un rato, soñamos.
El amor.
Sin embargo cuando aparece, dudamos, pataleamos, rabiamos, dudamos, amamos, soñamos, dudamos, gozamos, reímos, dudamos.
¡Cuán fácil sería simplemente dejarnos ser!
"¿Ser simplemente?", preguntan los librepensadores.
Y, sí.
Denme mi espacio de locura y pasión que yo puedo con ello. No me lo quiten porque voy con hacha y espada a recuperarlo. No me vendan espejos sudorosos. Ya no interesa lo de antes ni siquiera lo de mañana.
Hoy, el amor llega como un tsunami descontrolado, y me enloquece, me arremanga la pasión, me pierde la razón y me descongela hasta el último de mis fuertes de defensa.
Y me siento cojonudamente bien.

1 comentario:

Melisa dijo...

wooww realmente MARAVILLOSO!
beso Gus.-