Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

28 marzo, 2010

Los mismos y otros.



(a Martin, Luis, Emiliano y tantos otr@s)

Hay otros que van viniendo, así como nosotros vinimos antes, y fuimos los mismos que hoy ocupan el espacio que era nuestro.
Sonrisas pletóricas llenas de sex appel que se comen la calle de un bocado, con la fuerza de toda una generación, que ya quiere decir mucho. Chicas guapísimas, chicos más guapos aún, y si se me permite, con asignaturas que cumplir, cómo si aún debieran permitirse ser un poco más libres, intenando comprender que uno solo de sus movimientos -ese festivo caminar- ya llena de colores las veredas; y esas sonrisas que iluminan todo, esos ojos que nos esquivan por pudor, esas manos que nos aprietan sudorosas, esas miradas...
Jóvenes que llenan el vagón del metro, con sus camisetas cortas y sus brazos largos, y sus melenas sueltas y descuidadamente acordes. Que se besan y se rozan, y parece que nos besen y nos rocen. Son ellos omnipresentes, sin querer serlo, o tal vez, sí.
Como personajes de una novela de Thomas Mann, con la ingenuidad de un cuento infantil y el peligro de cien leones hambrientos, que nos sitúan lejos y tan cerca a la vez.
Vienen de llorar y reir al mismo tiempo, con pechos orgullosos de pertenecer, sin padres o con ellos, en grupo, juntos, poniendo el hombro, cantando y saltando, felices, vitales, con sus banderas, vibrantes, sexys.
Ocupan el espacio que les pertenece, por presente y también por ley de vida.
Los maduros, los viejos, otros, vienen desde hace tiempo. Gastados, desgastando, hablando de más, gritando mucho, grises.
Se nota en las palabras que gritan; en que señalan antes que acarician.
Mientras, las nuevas generaciones viene marchando, coloreando nuestra pantalla.
Y nos llenan de satisfacción y nos emocionan, nos arrebatan la mirada, nos estimulan, nos invitan, nos contagian, nos dejan ese saborcito de haber hecho algo bien...eso que no se perdió. Un granito de arena, al menos uno.
Porque antes, cuando todavía no era todo tan colorido, otros ocupamos las calles y las llenamos de luces y de energía, y de sex appel y de seducción.
Somos los mismos y somos otros.
Quizás, un mate o un café, o un poco de tiempo, nos acerque más de lo que pensamos.
En definitiva todos, unos y otros, queremos cambiar el mundo, o eso ilusionamos.
Viva la utopía!



Gracias CRISTIAN SCOTELLARO por la foto.

16 marzo, 2010

...enloquecido


Nos educan con corsettes de almidón grueso y áspero, cañiso, a aprender a comportarnos como seres humanos, dicen. Establecen desde siempre una medida de unidad, para alejarnos -si se puede- de la pasión y la locura que todos necesitamos para vivir. Despacio nos van moldeando los dientes, el pelo, las cinturas, el habla. Provocan que pensar sea algo sólo de algunos: los librepensadores. Esos cultos poetas o estúpidos secuaces que repiten en nuestros oidos lo que hoy tenemos de menú.
Y de pronto: la realidad.
Se llena nuestra cabeza de unos ojos; necesitan nuestras brazos esa piel; la boca se nos hace más boca con otra boca; y al menos por un rato, soñamos.
El amor.
Sin embargo cuando aparece, dudamos, pataleamos, rabiamos, dudamos, amamos, soñamos, dudamos, gozamos, reímos, dudamos.
¡Cuán fácil sería simplemente dejarnos ser!
"¿Ser simplemente?", preguntan los librepensadores.
Y, sí.
Denme mi espacio de locura y pasión que yo puedo con ello. No me lo quiten porque voy con hacha y espada a recuperarlo. No me vendan espejos sudorosos. Ya no interesa lo de antes ni siquiera lo de mañana.
Hoy, el amor llega como un tsunami descontrolado, y me enloquece, me arremanga la pasión, me pierde la razón y me descongela hasta el último de mis fuertes de defensa.
Y me siento cojonudamente bien.