Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

17 diciembre, 2009

De eso no se habla


Todos estamos de alguna u otra manera hablando desde hace un tiempo de este señor que se llama Ricardo Fort.
Algunos lo recordamos - eso sí, con menos años y menos operaciones- en los '90 deambulando con su corte de "gatos" por Bunker -un boliche gay de mucho éxito en la calle Anchorena-; en una época en que no tenía tantas intenciones de cambiar de novia, ni de tener hijos.
Otros, miles, lo han descubierto ahora, multioperado, obscenamente derrochón, en plan Valentino con toda mujer medio necesitada de prensa que se presente, rodeado de guardaespaldas (los únicos en el mundo que no intentan proteger su identidad), y con su particular catálogo de bijouterie, pedrería fina, y strasses con los que se adorna el cuerpo. Ostentoso sí, muy de Miami también, pero con tan poca clase que Silvia Suller parece Coco Channel a su lado.
Su aparición televisiva, no sólo demuestra la escasa o nula programación cultural que tienen los canales privados, sino la necesidad absoluta de establecer un debate en los medios de comunicación en torno a todo lo fútil y vano, en contraposición con los problemas reales del país y su gente.
Por cada Rolex de diamante y oro que este señor muestra, se hunden en la miseria las ilusiones de cientos de miles de personas que no llegan a fin de mes para alimentar a sus familias, malviviendo en precarias condiciones, asotados por la marginalidad y la desesperanza.
En cada quiebre de cadera del hijo del chocolatero, se pierde una enorme cantidad de jóvenes que expulsados de cualquier esquema social, aterados de tanto dolor y frustración, se vuelcan en la delincuencia y el consumo de paco.
Hay un estilo en este personaje que aunque él no lo vea va mucho más allá de él, su actuación tiene más de titere que de titiritero. Tal vez un Frankestein de la post modernidad.
Parafraseando un refrán popular español "dime de que presumes y te diré de lo que careces", todas sus apariciones están marcadas por el desprecio hacia los demás, el despotismo hacia sus supuestos empleados, los maltratos hacia sus amigos y colegas, y el más rancio y profundo machismo con las mujeres, tratándolas como sólo lo hacen los maltratadores y los misóginos.
Ahora bien, ¿que carajo aporta este tipo?.
Seguramente a Ideas del Sur, Tinelli, Suar y el Canal 13, anunciantes (dinero), televidentes (dinero) y altas mediciones de rating (dinero).
Prensa, a los variopintos peleles que ha juntado o rejuntado a su alrededor.
Escándalos, peleas, riñas, insultos, descalificaciones, a la programación de toda la televisión argentina que repite y repite una y mil veces sus escenas.
A la sociedad argentina, en medio de una crisis política de amplia magnitud, con cientos de miles de personas posicionándose en un lado u otro, con la ignominia de un gobierno más preocupado por acrecentar su capital y apoderarse de las banderas históricas que nunca defendieron, con una derecha tan reaccionaria como hacía años no se veía, de alianzas deshilachadas, ansiosa de roer hasta donde pueda y quemar hasta donde quepa; a esa sociedad que necesita de valores, ejemplos, sociabilización, y por sobre todo repensarse, a esa sociedad -repito- no le aporta NADA.
Entonces, se debate si es o era gay, o si es o era bisexual, o si tiene hijos, o cuántas operaciones, o cómo compró el Rolls Royce. Si va o deja de ir a Esperanto, o a tal o cual lugar.
Pongamos las cosas un poco en orden que somos muchos.
Yo clavo una lanza y digo:
Este tipo tiene todo el derecho del mundo a ser un rico heredero; a ser gay; a ser bisexual si quiere; a ser gay o bisexual o heterosexual y tener dos hijos; a vestirse cuál vedette de revista; y a mentir; es más, incluso tiene derecho a generarse una "trayectoria" por medio de escándalos, gritos, peleas de patio escolar, e histerias varias. A todo eso tiene derecho.
Pero a lo que no tiene derecho es a escupir en la mesa de millones de hogares de este país que sus manos están adornadas con joyas que valen más que el sueldo de toda una familia.
No tiene derecho a mostrar su arrogancia de conducir coches carísimos y viajar en jet privados, cuando los trabajadores que forman la empresa de su familia, ganan entre 10 y 14 pesos la hora, y viajan hacinados como ganado en omnibus y subtes para ir y venir de su trabajo.
No puede ni debe tratar como mercancía barata a la compañía barata que tiene de troupe. Ni cambiar como objetos a las mujeres que lo rodean "ya no me interesa más, te la devuelvo envuelta para regalo" dijo en uno de sus peleas; llevando la imagen de las mujeres a un nivel paupérrimo en una sociedad donde precisamente todos los días ellas mismas deben luchar para ganar sus derechos.
Tampoco puede, y él sabrá porqué lo hace, ocultar bajo tanta operación, bijouterie, gritito, strass, y anabólico, lo que realmente es: un miembro de clase explotadora de este país que ha forjado su dinero a costa de sus trabajadores, y que ahora les muestra que se caga en todo y en todos ellos, se gasta todo, living la vida loca, y a mamarla.
De eso no se habla.
¿Cuánto más hará falta para que explote en sus manos la bomba de relojería que cada día aceita?.
El tema es que Ricardo Fort ya perdía aceite desde antes.

1 comentario:

Constanza dijo...

no sé cómo llegué acá, y me felicito. excelente tu análisis y tu denuncia. sería buenísimo que todos los que pensamos como vos, dejáramos de consumir este producto (de la forma en que lo estemos haciendo) para que a ideas del sur, tinelli y cía no les reditúe tenerlo entre sus filas. reconozco que es bastante utópico cuando en redes sociales tales como fbook existen grupos de fans de este payaso (no sería grave que fuese solamente un payaso, lo grave es que el tipo es peligroso, es mala gente, deleznable).

en fin, no sé cómo, pero sería bueno que personajes como éste pasaran al olvido (o mejor aún, no tuvieran espacio mediático) lo antes posible.

sigo leyendo. feliz 2010.