Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

30 agosto, 2009

Esperando


...a que retorne la primavera que se acaba de ir;
que vuelva más hermosa, luciente y fresca, con flores amarillas y verdes y rojas...y blancas también;
que llueva poco pero moje mucho;
que sean largas las noches de muchos cielos y muchas estrellas;
que me apagues las velas con tus susurros;
que llegues pronto, como antes, a mi cama.

16 agosto, 2009

¿Un lío?



Un día normal, otro.

Hola despertador.
Mientras me baño me miro al espejo de la pared de la ducha, sonrío, a veces. Debería tomar más en serio el tema de las bolsas de los ojos, y exfoliarme más a menudo la piel.
Me afeito y espero que el agua se lleve todo el jabón. Apunto mentalmente: echarme crema en la cabeza.

Camino despacio, dormido, las calles hasta la estación del tren que me llevará obediente, cotidiano, neutral, hacia el trabajo.

Pierdo mis ojos en un árbol, la casa con los balcones azules, el viejo hotel medio reducido a nada, los carteles de la fábrica de muebles.
Van mis pensamientos al ritmo del vagón, me llaman las puertas que cierran y abren, el viejo de bigotes que escupe, la flaca tetona que huele, el pendejo de pantalones caidos.

Espero llegar sin pensarlo. Llego siempre de todos modos.

Acaso el café sea acá o allá.

La camiseta puede no estar bien planchada.

Me alejo.

Me acerco a tus ojos. A esa sonrisa que no engaña pero duele.

Me siento más pobre que antes, sin ti, y fuerte, más que antes, necesariamente.

Llegamos de pronto, golpeamos, huímos, sin más.

Nuevamente.

¿Nuevamente?.

No se cómo eres, ni eras.

Un poco de sal de mar me ahoga la garganta, quemando la lengua, cegando los ojos te tanto llorar, meándome de miedo, temblando de apenas.

No soy frágil.

No caigo simplemente.

Ha pasado tanto tiempo de silencio que tu voz es lejana.

Me dices gracias por buscarte.

Estaba buscandome a mí, y te encontré.

Ahora.

12 agosto, 2009

Qué nos queda?

Buscamos absurdamente un porqué en cada cosa, hasta que nos damos cuenta que hacemos cosas sin sentido, empujados por la marea de esa inercia que a menuda es la vida.
Respiramos, volvemos a hacerlo, sabemos que lo hacemos. Y no pensamos en ello sólo hasta que no podemos más del ahogo.
Clavando puñales en nuestras propias manos con las manos libres que nos dejamos. Arañando las pieles ajenas, llenas de opio y vapor, húmedas de sal y agua, chorreando chorros, otros, voráces y propios.
El ronroneo del tren me aleja los pensamientos, pienso, y repienso, y en medio de los olvidos, dos rostros o tres me evitan y avisan que ya no más. Llegamos a la estación conocida.
Medio en broma, medio en serio, ocultamos nuestro dolor, sólo para asociados. Miembros que pertenecen a nosotros mismos por propia voluntad, pero que a pesar, del pesar, a veces nos dañan con sólo decir algo más.
Me encuentro en medio de mi vacía cama, abrazando la almohada...la tuya?.
Reflejo vulgar de mi antigua necesidad.
Despierto sin ganas de ver la mañana, así solo. Y la inercia de la vida, me vuelve a llenar a medias.
Buscaría más palabras si fuera necesario.
Desenterraría el tesoro que nos prometimos.
Cavaría un hoyo profundo por calmarnos la sed.
Tú...estás?

11 agosto, 2009

Blanca y whisky y Nieve.

Como si pudiera pensar más rápido que lo que siento, y fuera capaz de controlar la emoción que me llena cuando veo pasar por delante las horas y no encuentro ¿qué?.
Abajo había una ventana azul y por dentro se escuchaban los sonidos de la nada. Nadie jamás contestó.
Busque entonces una salida y empecinándome por que sí, abrí las puertas de ocho bares y llené mi mente de whisky, pero no pagué con amor, como otras veces.
Sencillamente me dió penar saber que ni siquiera el dolor nos quedó.
Prefiero limpiarme una herida roja, que soñarte brutal y cruel.
Nada es más sensato que el amor, porque acciona.
Nada es más doloroso que le amor, porque se siente.
Nada es más extraño que el amor, porque no es de uno.
Nada puede con él.
Como el elástico flojo de un calzoncillo gris.