Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

18 junio, 2009

Cuánta pena, Fernando!



Hoy murió a los 46 años Fernando Peña.
Actor, autor, periodista, provocador, escritor y sobretodo un ser humano libre.

Para quienes no lo conocieron, valga estos tres fragmentos de sus libros.

Concha en el aire
“Otra de las cosas que he hecho como Carlos Morales, quien tenía una voz muy grave y aterciopelada, durante la noche, cuando todo el mundo terminaba de comer y comenzaba esa parte del vuelo larga y aburrida en la cual se escuchan solamente las turbinas y no hay nada para hacer salvo dormir o tratar de dormir, era tomar el micrófono y decir: “Concha”. A los treinta segundos, repetía en otro tono: “Concha”. Y a los treinta segundos, más inquieto: “Concha, por favor”. Para rematar a los pocos segundos, diciendo: “Concha, por favor, atiende el teléfono de atrás”.


Los Milagros de Lalo
“Conocí a Lalo en el año ‘93, yo ya venía pasando por una época de fobia al vuelo. Para poder aguantar y soportar el trabajo me hacía el payasito (...) Así fue como empecé a inventar varios personajes en el micrófono. Uno de ellos era Milagros López, esa cubana que volaba en Panam llena de anillos y pulseras, las uñas pintadas, rodete alto, pelo recogido y una personalidad muy graciosa y excéntrica. Esa que una vez al subir a un avión me respondió, al yo preguntarle por qué tenía tantos anillos: ‘Muchacho, cada argolla fue una noche inolvidable de amor’. (...) A Lalo le divertía mucho eso, él estaba haciendo un programa en Chile en esa época y volaba por nuestra aerolínea bastante seguido. Luego de meses de insistir en querer conocerla y encontrarse con la negativa de parte de toda la tripulación, decidí un día confesarle que era yo y Lalo me decía que no y yo le decía que sí y Lalo me decía que no y yo le respondí con la voz de Milagros....Y Lalo enmudeció.”


Fragil
“Una vez sucedió algo muy triste. Bajé al lobby del Hotel Marriott en Miami y había un grupo de tripulantes llorando en unos sillones. Cuando me acerqué a preguntar qué había pasado me dijeron que habían matado a Nora C., una tripulante chilena que volaba para la base de Buenos Aires. (...) A las pocas semanas nos enteramos de que su cuerpo había aparecido envuelto en cintas de embalaje de esas amarillas que tienen el nombre de la aerolínea y dicen ‘frágil’. Había sido acuchillada. (...) La teoría de un crimen por contrabando se hizo más firme ya que la policía pensó que la envoltura con la cinta de embalar era un signo de parte de el o los asesinos. Tiempo más tarde me enteré por gente que la conocía de que ella contrabandeaba alhajas.”