Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

28 marzo, 2009

Fuerza


"...Disparo contra el Sol con la fuerza del ocaso.
Mi ametralladora está llena de magias,
pero soy,
sólo un hombre más..." (Cazuza)
¿Llegó el tiempo tan deseado de la calma y la templanza?
La añoranza de la felicidad se quedó obsoleta de tanto pedirla, vacía de contenido, no de verdad, erosionada de tantas lágrimas tapadas por voracidades, atrocidades, agrías mentiras, verdades inmensas, más grandes aún que la realidad.
Momentaneamente me uno al coro de la suavidad, con abruptos bajos, asonantes, aún con crueles destinos que nos depara esta mágica y angustiante identidad: la vida.
La vida, esa, que ya dije, me gusta más como un sin fin de comienzos, y no como una seguidillas de finales. Esa vida, mi vida, que durante tanto tiempo, porqué sí, de tonto nomás, la concebí como una gran batalla, contra todo, hacia todo, después de todo.
Una vida batalla que cansa, que da éxitos y fracasos, porque aunque no creamos, las batallas conforman las guerras y las guerras y la vida como que no.
Aún sintiendo que la batalla que fue (¿es?) mi vida, fue lo que me permitió sobrevivir, lo que me obligó una y más veces a barajar y dar de nuevo, rebajar dos cambios, cambiar de vía, sentarme a meditar el ayer y mucho más el mañana.
No me fue posible hacerlo desde una nube de petalos rosados. Nunca fui de agua templadas, ni de tibias acciones.
Fuerte, inseguro, violento, amantísimo, feliz, depresivo, imborrable, imbancable, feroz, dulce, revolucionario, espiritual, uno en todo, todo en uno.
Conozco de cambios y pérdidas, y también de nuevas metas, nuevos horizontes, ciudades, países.
Siempre más, para adelante.
Sin detenerme más allá que para recomponer fuerzas en cada final, para remontar las nuevos comienzos con batería, con las pilas puestas.
Y ¿como si de la nada? nuevamente comienzo a andar de nuevo en tierra ajena, como un cuerpo extraño, desconocido, necesitando tanto explorar y conseguir, y seguir buscando allá, donde ni las fuerzas llegan, la ilusión.
Hoy, con las primeras luces de la mañana, me desperté contemplando mi presente, con el ayer representado en mis dolencias y mis angustias, nervios, vómitos, y esa reclamación que me pone el cuerpo cada día para tirarme un poco de las orejas y no dejarme caer.
Y hoy, en esos primeros minutos pensé que tal vez ya era tiempo de dejar de apretar los puños, de ablandar un poco la mordida, de relajar los hombros, y de disfrutar.
Me di cuenta que no necesitaba tanta fuerza para ello, y espero que no la necesite, ni armaduras, ni corazas, y que el amor llegue como la brisa llega si abro la ventana, y las metas se cumplan porque es mi derecho, y la vida no sea una batalla.
Hace ya algún tiempo dije que el futuro era mío.
¡Cuánta razón hay en esa frase!
Otros, tantos otros, de aquí y de allá, han perdido el futuro.
Pero este futuro es nuestro, y no me cabe la menor duda.

1 comentario:

Thomas dijo...

Pensaba, no? que tal vez eso de la felicidad se trata de pedirla, desearla e imaginarla, porque algun vacío se debe arman cuando ya se la tiene... digo... que se pide cuando se tiene la felicidad? No se la perderá para volver a pedirla?