Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

16 marzo, 2009

Bienvenido sea yo

Siempre, empezamos y terminamos.
Acabamos en algunos sitios, en otros nos vamos, o quizás nos corremos, o nos venimos.
Estallamos y volvemos a cargar, y volvemos a estallar. Repetimos modales, acciones, palabras, metas, signos, gritos, jadeos.
Terminamos con las viejas consignas, y las recuperamos de un plumazo porque alguién entró en nuestra vida, llena de comienzos y finales.
Nos vale tratar de concebir la vida, más como una seguidilla de comienzos, que como una cadena de finales.
Porque de todos modos, los finales estarán, marcados o no, y nos devolverán simplemente eso, que llamamos realidad.
Pero, ¿y los comienzos? ¿los nuevos horizontes? ¿lo nuevo? ¿lo por descubrir?.
Así, como nos gusta recorrer nuevos cuerpos con los dedos extendidos, apenás rozando la piel extraña, ajena, tibia de nosotros, por ambos lados, juntos.
Así, como nos llena de gozo los abrazos debutantes, el nacimiento de los besos, la primera mirada que a veces es la última, y adiós.
Así, como nos atonta la mentira en nuestros oidos. Pero eso sí, la nueva mentira.
Así, como nos agita el debut, sin vermout de por medio, en medio de la nada, arrastrando la cobija, debajo, bajo, hondo, profundo.
No sabremos explicar el mañana, pero sincerémonos, que si algo hemos perfeccionado es la novedad. ¡La primera vez!.
Bienvenidos entonces, infieles paganos, rocosos rojos, violetas macarras, revoltosos de la magia, negros candomberos, mulatas pechugonas de tetas duras, mastines, pelados, púberes insensatos llenos de acné, piolas, piolines, sonrientes, y bobos.
Bienvenidos también los que necesitan, los que quieren, los que desean, los que follan bien o mal, los que acaban, comienzan, terminan, se corren, se vienen o se van.
Bienvenidos sean todos, y bien hallado sea yo.

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