Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

23 febrero, 2009

Lento, cálido y frío, también


Largo es el camino, decía una canción, y sí, sólo la emoción nos mantiene vivos. Desesperadamente vivos, o a menudo más calmo, cuando nos alcanza con un té, o un matecito. Hacemos tortas, pensamos en mañana, soñamos con allá o aquel, buscamos y buscamos y buscamos.
Intentamos ser felices, y libres, y casi nunca estamos conformes con el suelo donde pisamos.
Hablamos bajo, para no molestar. Gritamos fuerte, con rabia, por el dolor, por la injusticia.
Sabemos que al final, todo tendrá su remedio, bajo un manto de estrellas iremos sin razón aparente hacia la nada.
¿Pero desde dónde?.
Noches en vela de dolores propios y ausencias.
Tangos que llegan como llega la risa de un domingo porque sí, porque nuevamente te ví, aunque sea desde lo lejos, y me hiciste reir mucho, y vos, también con la locura chotacabril, y tú, con tu sueño apelmazado postergando una vez más el "llamame que te tengo que contar que vendí la veterinaria".
¿Quisiera saber como estás? ¿Te da miedo igual que a mi? ¿Sólo es pasajero?.
Y el dolor que vuelve, vaya a saber porque, ¿como mensaje? ¿como advertencia de no olvidar?, pero como jode, me dobla las piernas y lloro.
Sin embargo, de repente, sin más fármacos que una canción, una charla contigo, e incluso unas manos menos extrañas, algo fantástico sucede: y se va, se va, y ya no retorna.
Cielo abierto a una nueva ciudad, ajena, muy ajena, pero que no se resiste, aún o a pesar de hundirme en la nieve, o perder como casi nunca había perdido.
De amor nadie muere, sigue otra canción.
Pero todo me recuerda a ti, a vos.
No será fácil, pero tampoco tiene porque ser dificil.
Reláx, tardes de cocina, y apenas un poco más de mí.
O de ti, o de vos.

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