Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

28 febrero, 2009

Clamores



La muerte de algún ser querido es algo muy doloroso, sin embargo el asesinato debe serlo mucho más.
Se ha instalado un debate en la Argentina debido a unas declaraciones de Susana Gimenez pidiendo "muerte para quienes matan" ante el asesinato de una de sus colaboradores, Gustavo Damián, un reconocido decorador y florista de apenas 32 años.
No puedo dejar de pensar en esa frase de la Gimenez. A simple vista, me parece cruel, brava, desalmada, que como mínimo se olvida del pasado, de los miles de desaparecidos asesinados y torturados durante la Dictadura Militar; de los muertos bajo las balas de la policía de la democracia; de los miles de niños que mueren de nutrición cada año en las provincias del interior de la Argentina; de los jóvenes muertos en Malvinas; de los jóvenes que mueren cada día en la cada vez más violenta Provincia de Buenos Aires.
Pero hay algo de incierta verdad, quizá demasiado cruel en sus palabras de diva, buscando una justicia que en su boca me resulta demasiado impune, para una mujer que coqueteo bastante con distintos sectores del Poder.
Claro, la madre o el padre, o los hermanos, o el novio de Gustavo Damián, quizas quieran lo mismo que la diva, pero, ellos no son Susana Gimenez y sus palabras sonarán más a desesperanza y no llamarán a debate.
No contenta con pedir la pena de muerte, también sentenció: "Terminen con los derechos humanos y esas estupideces", en una confusa solicitud no se sabe muy bien a quién, o quiénes. ¿A los chorros? ¿a los que asesinaron a su colaborador? ¿al gobierno? ¿a los organismos de DDHH?.
En fin, Susanita, que estabas caliente y dolida y se te fue al carajo la lengua.
Porque vés ahí no tenés mucho margen. ¿Como vamos (van) a terminar con los Derechos Humanos? ¿qué quisiste decir realmente?. Te salió el rencor de las clases dominantes que se identifican con el pueblo cuando algo les afecta, pero mientras tanto, ¿mientras tanto qué?.
Los Derechos Humanos, si bien violados sistemáticamente y maltratados más de la cuenta, incluso por aquellos que dicen defenderlos, son lo único que nos queda a los seres humanos, precisamente.
Son nada más ni nada menos que nuestros Derechos.
Los que nos permiten creer que somos libres, que tenemos leyes que nos amparan, que podemos recurrir a una justicia imparcial, que no habrá niños sin educación ni salud, que los trabajadores tendrán dignos trabajos, que las minorías étnicas, sexuales, identitarias, de género, de raza estarán amaparadas en la igualdad, etcetera.
Cuando escribo estas líneas, desde San Juan, la diva argentina, aclara que que no pidió la pena de muerte: "pero deberían morirse", y que "yo soy católica, no quiero la pena de muerte, pero tampoco quiero que un sádico tenga un mes de cana".
Susana, Susanita, de católicas como vos está el mundo lleno.
Lo que haz hecho mal y perdona que te lo diga yo que no soy nadie pero me reconozco como un ser humano con sus derechos, es ningunear eso mismo; que todos los seres humanos tenemos derechos, incluso aquellos que equivocan su vida, y roban, incumplen promesas, son cómplices, secuestran o matan. Porque de nada vale el ojo por ojo. Para eso existe una Justicia, que en todo caso si no es la que sirve, habría que luchar para lograr cambiarla. Claro, que eso seguramente no lo podrás hacer desde los cómodos sofás de tu living.
Se me ha caído una estrella. Te tengo un cierto aprecio desde que en 1998 nos ayudaste un poco a difundir la DAG, Deportistas Argentinos Gays, para nuestro viaje a los Gay Games de Amsterdam. Pero esto no. No pidas la muerte de nadie, ni la desees. Ni siquiera a los que matan. No es de buena cristiana. Aunque sea algo tan horrible como el asesinato de un querido amigo.

Mientrás tanto, en Vigo, Galicia, un jurado popular absolvió a Jacobo Piñeyro, asesino confeso de dos homosexuales a los que apuñaló 57 veces, por considerar "que sufrió un miedo terrible a ser violado".

El día 7 de marzo se han convocado dos manifestaciones a la vez, a las 20 horas en Madrid y Vigo, para rechazar este veredicto y reafirmar el pedido de revocación de la sentencia.
Esta manifestación fue convocada espontaneamente por un grupo de ciudadanos gallegos, y está siendo apoyando por cerca de 10.000 miembros de Facebook y decenas de asociaciones sociales de España y el mundo.

Para más información http://www.facebook.com/home.php#/group.php?gid=69129915259





23 febrero, 2009

Lento, cálido y frío, también


Largo es el camino, decía una canción, y sí, sólo la emoción nos mantiene vivos. Desesperadamente vivos, o a menudo más calmo, cuando nos alcanza con un té, o un matecito. Hacemos tortas, pensamos en mañana, soñamos con allá o aquel, buscamos y buscamos y buscamos.
Intentamos ser felices, y libres, y casi nunca estamos conformes con el suelo donde pisamos.
Hablamos bajo, para no molestar. Gritamos fuerte, con rabia, por el dolor, por la injusticia.
Sabemos que al final, todo tendrá su remedio, bajo un manto de estrellas iremos sin razón aparente hacia la nada.
¿Pero desde dónde?.
Noches en vela de dolores propios y ausencias.
Tangos que llegan como llega la risa de un domingo porque sí, porque nuevamente te ví, aunque sea desde lo lejos, y me hiciste reir mucho, y vos, también con la locura chotacabril, y tú, con tu sueño apelmazado postergando una vez más el "llamame que te tengo que contar que vendí la veterinaria".
¿Quisiera saber como estás? ¿Te da miedo igual que a mi? ¿Sólo es pasajero?.
Y el dolor que vuelve, vaya a saber porque, ¿como mensaje? ¿como advertencia de no olvidar?, pero como jode, me dobla las piernas y lloro.
Sin embargo, de repente, sin más fármacos que una canción, una charla contigo, e incluso unas manos menos extrañas, algo fantástico sucede: y se va, se va, y ya no retorna.
Cielo abierto a una nueva ciudad, ajena, muy ajena, pero que no se resiste, aún o a pesar de hundirme en la nieve, o perder como casi nunca había perdido.
De amor nadie muere, sigue otra canción.
Pero todo me recuerda a ti, a vos.
No será fácil, pero tampoco tiene porque ser dificil.
Reláx, tardes de cocina, y apenas un poco más de mí.
O de ti, o de vos.

17 febrero, 2009

Reflejo


Hacia más de una semana que Berlín estaba gris, plomizo; el sábado empezó a nevar y no ha parado hasta ayer.

Hoy me he levantado y el Sol que entraba por mis ventanales era precioso. Miré a la calle y todo seguía nevado, pero brillaba, con destellos de plata y brillantes.

Esa simple idea del Sol que relucía las cosas más sencillas, en un auto, el manubrio de mi bicicleta, la copa del pino de la casa, la escalera que conduce al río, esa simple idea me dió un buena abrazo mañanero, tan deseado en estos últimos tiempos de correr contra la corriente, de esperar, de intensificar la paciencia, de sorber hiel de labios ajenos.

Por eso, por esa simple sensación de protección aparente, de cálido movimiento en mi espalda, de susurro silencioso, gratis, imposible de rechazar, por esa simple sensación me he puesto feliz.

Un poco feliz, más que ayer. Quizá duré de nuevo la ilusión más de un simple día, y los dolores que cada vez que me ronda la cabeza me atacan, se irían, ya rápido, y no tendría que sentir más ese constante y cotidiano dolor de estómago que ya ni se de que será.

Nervios, dice mi médica.

Acaso sea tan sensible mi cuerpo que no puede aguantar con ya casi 44 años tanto o menos de lo que ha aguantado en toda su vida, la mía claro.

Y aunque para la racionalidad bien entendida en estudios universitarios doctorales y certificados, las premoniciones no son parte de la ciencia, hoy me siento feliz, y espero que esa felicidad llevé mis dolores a otra parte, los aleje, aunque sean de nervios.

Hay Sol entrando por los ventanales, brillan los objetos, yo sonrío y hoy soy feliz.

Quisás sea momento de reflejarme en el día y dejar que la oscuridad se vaya de mi cuerpo.

Aunque cueste tanto, vale la pena intentarlo.