Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

20 noviembre, 2008

Éxtasis de mediatarde, oscura e inquieta


De a poco, como cuando el viejo bajá las braguetas de los chaperos de los parques que acomodan sus culos prietos en el tronco (del árbol) apretándolos confusos e inquietos, desconfiando aún si cabe, de la boca babeante que le extrangula el miembro.

Sin calma, como hace unos años empezaba a soñar con todo, sintiendo que la única manera de hacerme con ese todo, era dejar que todos pensaran que todo valía, siquiera pudieron ver más allá de mis intenciones, que fueron tantas que intactas llegaron a más de lo esperado, y entonces más allá de las buenas intenciones, llegaron las malas, las que tampoco mis bolsillos querían cobijar.

Duermo abrazado a la almohada blanca que tibia me protege de la ausencia que remedio a menudo...¡que remedio! No voy a beatificar mi deseo aunque el camino hacia el amor sea tan largo. Mi cama se acomoda lentamente al triunfo o el fracaso pero añora, casi desesperadamente que vuelva la almohada a su lugar, y que el vacío espacio se llene de alma. La constante contradicción que me somete, pero en el fondo, ¿quiénes son los que no han salido a la calle a saludar?.

Pedorros, putacos, abyectos mediocres que se llenan de mí. Palabreando, maldiciendo, criticando, juzgando desde su inestable liberalidad de fracasos constantes y sueños entrecortos, de absurdas pesadillas, y creencias de poder. Blandos, fáciles, desmenuzados de personalidad, como esponjas en el mar, llenos de todo que es nada, porque abarca y ahoga.

Objetores de voces altisonantes y términos determinantes, pulidores, eficaces para un discurso, que acaso otro fracaso y tiramos todo por la borda. ¿Comprenden el deseo ajeno? ¿o es que tenemos que soltar amarras siempre cuando diga el viento?.

Los últimos días no han sido gratos, sin embargo ha habido tiempo para la gratitud y para agradecer a gente que desde un lugar menos intenso me ha sostenido con sus palabras, sus bromas, sus deseos. Lo que viene será para disfrutar aunque las vallas lleguen hasta el cielo, y las nubes se llenan de humo de color negro o verde, no importa.

NO IMPORTA. NO ME IMPORTA.

Lo único que importa es mi deseo, mi yo que anda perdido y quiere encontrarse, mi fuerza, y ese espacio vital e inevitable que se va llenando de calor.

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(Gracias Fabi x NOVENDO)

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