Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

29 noviembre, 2008

Me llevo...



Once años han pasado desde que prontamente, acabando con las expectativas nada futurosas de los demás, decidí que Madrid fuera mi casa, anclándome en una "Snoopy casita" tan pequeña como inmensa en amor, con ese olor particular de la gente que pasa, que se aposenta, que crea, de libros viejos, recuerdos, miles de fotos, ropa antigua, viejos discos, y hachís. Ese bello Snoopy, o Minú, o Pulgui, o simplemente Carlos que me arropó desde los comienzos sin agobios, con las puertas abiertas y la ayuda a cada paso...el del "no se viene a Madrid a estar pocho", el de los obeliscos, el de las cervecitas en cualquier momento, el clown maricona, los papis, los gordis, mi madre, el de tantos momentos y tantos que habrá. A él me lo llevo.

Allá por el 2001, en uno de mis primeros pisos, mini pisos, casi NO pisos en los que los inmigrantes o los jóvenes o los pobres o cientos de miles de personas viven en los barrios más castizos de Madrid, de no más de 40 metros cuadrados, 20 personas estábamos festejando mi cumpleaños. Yo por esa época andaba como loquito de amor por un tipo que en alguno momento me sirvió como bastón para empezar a andar, y luego sólo fue una estúpida y mala carga, pero que en ese momento donde todo era color de rosa, trajo a ese mini piso, a ese cumpleaños a unas cuantas bellas personas, sobretodo dos que con los años han pasado a ser mis hermanos, que luego de muchas idas y venidas, y nueve meses dieron a luz a un tesorito, Martín, que siempre ha estado a mi lado, al lado del tío "Bus". Arantxa y Enrique, los papis, han estado a mi lado y yo junto a ellos, en todos los momentos de mi recorrido en esta tierra tan hermosa como ingrata, tan dificil, y que tanto nos debe y tanto nos da, pero cuando menos lo esperamos te lo quita. A ellos tres me los llevo.

Inmensa de energía. Loca de pasión. Gorda brava. Capaz de sostener a cientos. Con una garganta sopranera para defender sus opiniones. Buena. A veces más juntos, otras más lejos. Siempre ahí, espiándonos para saber si va todo bien, y si en caso nos necesitamos, vemos que no podemos, estamos. A pesar de tantos contratiempos, tantos chismes, tantos odios, y por suerte, porque estamos juntos, ¿casualidad?, la vida que nos une lo sabrá. Mica, te llevo conmigo.

Chucaro infiel de fildelidad más allá del corazón. Nunca hubo alguién que me pusiera tan nervioso y que a la vez fuera tan necesario. Simplemente porque él hace que la vida sea más fácil. Más que trabajar juntos, nuestra labor trasciende los límites jefe-empleado. Donde se mezcla la amistad, con las mismas vivencias (20 años después), las necesidades, la lucha, la supervivencia. Es un placer trabajar con él, y deseo sinceramente que no sea la última. Te llevo conmigo Ale. ¿Te vienes?.

Tengo un par de maletas que llevaré y algunas cajas con cosas imprescidibles que todos me critican que las lleve, y es que hay cosas de las que no podemos separarnos. Aquel pisapapeles que encontré en una caja de mi primo Marcelo allá por mil novecientos ochenta y pocos, y que llevo conmigo a cualquier parte. Tengo una jarra de plata que siempre me hace recordar a mi padre. Fotos. Cartas. Un pisa ajos que me regalo mi hermana. El cortahuevos.
Pero hay una caja donde me llevo a todas las personas, que no son mucho, pero que significan mucho, que por algun extraño motivo han pasado a ser imprescindibles. En esa caja me llevo a Ivonne, a la China, a Quique, a Alberto, a Rafa, a Raquel, a Oihana, a Carmen, a Alfonso, a Manuel, a Marisa, a Corcas, a Roberto, a Sergio...y porqué no, me llevo también a María, que aunque no pudimos, quizá siempre sea la mano que tocó el lápiz que escibirá el futuro, aunque claro, ¿quién puede ponerle texto al mañana?.

Y claro, también me llevo esa bolsita que siempre llevo colgada del cuello, de terciopelo azúl, donde guardo a todos los que me traje desde Buenos Aires y que siempre me acompañan a todos lados, y que espero que se queden para mi para siempre, y que no hace falta nombrarlos porque ellos saben que no lo necesitamos, y que estos días la bolsita está meta pegar en el corazón.

Acaba de salir el sol en esta fría y rara mañana, de espera y un poco de desesperación se instala en mi barriga. Pero el sol es una buena señal de que mi exceso de equipaje es perfectamente viable.

Los quiero mucho, a algunos hace mucho, a otros hace poco, pero a todos, seguro. Gracias.

4 comentarios:

Thomas dijo...

Que lindas palabras!!!

Gus dijo...

Dank Freund. Wirklich das Ende, wir nur noch Zuneigung.

fabianhriosrubino dijo...

Como tantas veces, Te envidio las pelotas! Te va a ir barbaro. Un abrazo

Sergio Lanza dijo...

Ole tus huevos!!!
Amigo, por desgracia no ha sido tanto como echo de menos. Pero el solo hecho de saber que estabas ahí me reconfortaba. Eras una presencia presente, constante. Y sí, tan importante. Y no sabría decir porque, pero sí sabría decir lo que ambos creo que imaginamos. Nuestra conexión va más allá de los hechos. Una misma visión de la vida, del arte, del amor, de... sin duda una mirada común. Una sensibilidad compartida? Inquietudes hermanas? Siento tu corazón cerca y tu conversación, esa que tan pocas veces disfrutamos, como habitual y necesaria. Te echaré de menos, pero disfrutaré de tu felicidad. Besos mil. Te quiere, Sergio.