Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

14 noviembre, 2008

...conmigo mismo


Y, sí, al final todo se reduce al momento inmundo de sentirnos amargos, solos, desesperados, sin destino, buscando argumentos sólidos que nos dejen vaciarnos la caja de hiponóticos con esa vieja y absurda botella de ron que nunca abrimos. Y si el dolor nos hace sentir tan solos, tan poco merecedores de nada, la angustia que sentimos, que siento en horas de silencio esperando que suene el teléfono, buscando por la pantalla la sonrisa que me pueda llevar a ser un poco menos triste y me alegre el volver a casa.
Solo, solamente esa es la palabra que define mi estado cuando sólo siento que me siento solo, que nadie más allá de mis cuatros paredes podrá definir siquiera un abrazo que me sostenga algo, no digo ya para siempre, pero al menos hasta que pueda pegar el próximo aliento, la siguiente respiración, que tanto, tantísimo me cuestra creer.
Angustia de barro, de pantano, de arena movediza, con ganas de matar todo lo andando, sintiéndome como siempre y a veces, solo. Sólo que esta vez quizá haya más de ciertas opiniones que puedan darme una salida.
Un poco más allá de lo conocido, más acá del corazón, más sin ya y menos con más, allá vamos, quizás ya que el futuro nunca estuvo escrito podré recuperar la ilusión que hoy por hoy no pasa por nada que lleve más allá de la violencia contra mi mismo, esa crueldad que siempre tuvo se destino fuera de mi, pero cuando ocupa su espacio, ahí, mediato, maldigo la parte que me corresponde.
Y duele, y sí, duele...quizá haya llegado el momento de ver las cosas con otra óptica. Una vez más.


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(Thomás, te pediré prestada la foto cuando te vea...)

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