Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

09 octubre, 2008

Profundamente

Cualesquieran sean las palabras que abatan las mañanas que me acompañan últimamente, cualesquieran sean ellas, me atraen.
Tanto las que salpican de mierda el espejo donde me lavo, primero, y me afeito, a continuación, con la misma monotonía sincronizada de las viejas escenas de teatro que invariablemente deben tener pie, para seguir...dame el pie, diría algún actor en el escenario oscuro. Aquellas incluso las de mierda, mejor dicho, las que salpican de mierda, tienen un sentido. Como saber que el puto hijo de puta que te escupieran en algun momento sólo pensaba deshacerse con el trabajo de la contención de cientos de brazos calientes.
Más breve aún debería sea la soledad del espejo, la mía quiero decir. Esa helada mirada que cada día se parece a la de un hombre mayor, que reñega empapada en resaca de la humedad, o distrae con el nuevo corte de pelo, absolviendo la decidia y el desgano de vivir.
Marcas que llevan años cicatrizar, que rejuvenecen al tiempo que te vas gastando, de mayor nomás, de más y más días, y años.
Me miro y ¿que veo?. Un hombre?, un niño incompleto?, un perfecto farsante?, un cagón? un sobreviviente?, un no sé qué, ni cómo, ni porqué.
Araño las venas de leche de tetas de madres austeras, desconocidas, que no aúllan, sino claman justicia, con pancatas clavadas en sus cabezas, sin ojos, verdes babas chorreando de sus bocas, y sus conchas sucias, peludas, violadas reiteradas veces, me gritan ayuda.
Me lavo los ojos con agua clara. Endulzo mi boca con crema dental. Un agua caliente penetra mis poros, chorrea mi espalda, mi llega a punzar de pies a cabeza, me niega el olvido de ser quién soy, y de nada sirve suplicarle que me ahogue.
Un día soñé con amar nuevamente.
Otro día soñé con amar nuevamente.
Luego soñé con amar nuevamente.
No quiero dejar de soñar, pero quiero amar nuevamente sin soñar de nuevo.
Tus brazos, tus ojos, tu sexo, tus besos, tus escasas palabras, todo ello me confunde.
Me deprime, me asusta.
Me niega la voz. Me vuelvo un cobarde cuando más me personas.
Debajo de mi hay otro yo. Y debajo de ti, lo mismo.

¿Habrá un momento donde no tenga miedo y pueda decirte lo que siento?.

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