Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

13 agosto, 2008

Eterna balada


Alguien, ese alguien que me da por escuchar, me ha dicho que mi blog es como una eterna balada del desamor.
Ese día que ese alguien me dió su opinión, yo enseguida esgrimí una respuesta contudente, clara, posicionándome en una seguridad (aparente) de defensa a ultranza, escudado en el ego sobresaliente que ronda mis genes.
Pero esa opinión de ese alguien al que me da por escuchar, me ha hecho pensar bastante todos estos días de descanso casi, en Londres y Berlín en los brazos de los amigos y amigas que veo poco, revolviendo como si fuera inmensamente extraño, los más hermosos sabores del amor, el cariño, la compañía, las buenas costumbres y el placer.
¿Soy realmente un eterno baladista del amor?.
¿Quiere decir eso que pierdo el tiempo "suspirando" por lo que no tengo, que deseo tanto que parece que no pongo manos a la obra, y palabreo suficientemente onanista cercano al ridículo?.
¿Es necesario gastar tanto tiempo, amasar tanto el alma drogándola con baladas sensibleras, voces femeninas en general que me hacen tararear la felicidad que se debería tener sin necesidad de cantos de sirenas?.
¿Es posible que me esté equivocando de rumbo?.
Y en estos días, donde mi hermano-amigo Federico anda rondando cada espacio de mi vida, la opinión de ese alguien que me da por escuchar se ha puesto como a punto de ebullición. Quizá de tanto meneo desenfrenado, de tanto andar tocando y besando y sabiendo que nada importaba más que tildar como días de calendario que van pasando.
Y, a pesar de saber que mis lugares de comodidad no tiene nada que ver con compartir con un ser amado la paz de un atardecer, completamente estoy insistiendo que he nacido para eso, que soy un caballero y que lo único que me importa en el mundo es ganar el corazón de EL y quedarme totalmente arrasado de miradas, caricias y besos que me dejen desarmado de tanto bla, bla, bla.
Que de golpe se vaya al carajo la retórica segura y aplastante y renazca voluntariosamente la candidez del 50% de tu vida para dar y no pedir.
Y, de todos modos, aunque siga pregonando a toda voz mi lastre diocechesco de poesía, flores, pedidos de mano, y rode por los rincones tachando almanaques, de todos modos, digo, reinvindico cualquiera de ambas partes, porque en definitivamente somos todo lo que somos, lo que aparenta sociabilidad y buenas costumbre, y las borracheras de risas de Dry Martinis.
Ambas llevan lo mismo, la impronta de un ser humano. Un hombre.
Ese que se imagina un futuro mejor, ilusorio, mágico, anúbico, de sólo calma; pero que de ningun modo quiere pararse a esperar sin disfrutar de todas las maneras el presente que es como cualquiera, presente.
Ese, soy yo. Un hombre que ama o quiere amar, y quiere ser amado.
Pero hay tanto que aclarar antes de eso.
Por eso, y como siempre digo:ya veremos.

(Gracias Vicente por tu fidelidad)

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