Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

12 julio, 2008

Vida

Y vivimos llorando, añorando, deseando lo ajena, lujuriando lo próxima, pensando en ayer, sintiendo en mañana.
Y andamos cansados de tanto prejuicio, aburridos de tantos cotilleo, exaustos de polvos por polvos, amarillos de ajenos pañales, mugrientos de bares de mugre, llenos de huecos comadrones.
Y pedimos que siempre nos llego lo otro, que a veces seamos felices, que el cuero no sea tan duro, que abajo allá más que arriba, que todo sea más largo, que pronto nos vayamos temprano, que nunca se haga de noche.
Y gritamos a otros por puro cobardes, lloramos a oscuras por no demostrarlos, follamos de a cientos por no amar a uno, escondemos la verdad porque es dura y pesa.
Y mentimos nuestros nombres, edades, pesos, creencias, que es mentir lo que somos en realidad.
Y buscamos en otros lo que tenemos en uno.
Y deseamos que pronto todo pase.
Y tardamos tanto en darnos cuenta que todo es más rápido de lo que parece.
Y lloramos de pronto cuando nos enamoramos.
Y unos ojos miel, casi verdes nos llenan de gloria.
Y un beso tras otro nos nubla la vista.
Y cientos de pelos se nos arrebatan, porque un dedo pulgar se pasa por nuestras manos.
Y reímos mucho, porque hay alguien que lo permite.
Y nos olvidamos de todo, menos del respeto.
Y queremos sin querer, aunque nos llenemos de celos.
Y estamos dispuestos pero cuando sea posible.
Y ¿estarás dispuesto a escuchar mis palabras?.
Y ¿estaré dispuesto a escuchar tus palabras?.
Y, que groso es sentir que tu mente está invadida por unos ojos miel, casi verdes, una sonrisa que derrite, unas manos que aprietan sin doler, una boca que no para de besar, y sin embargo mayores somos y así nos comportaremos.
Dame ese minuto de más que me prometiste. Todo lo que dije se derrumba si acaba la noche y no sale el sol.
¡Cuantos han muerto antes por sostener tanto amor!
No seamos tarados y lo tiremos a la mierda.

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