Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

10 julio, 2008

Respeto

La pasión se fue frenando como caballeros acorazados, porque no se si es verdad como dijiste, que soy distinto, pero si es cierto que quiero tu respeto. Y que la única manera de obtenerlo es darlo. La noche fue pasión. Fue calma. Fue alegría. Hubo algo más allá de las acciones que no me dejó reponerme aún. Extralimitaciones varias llegaron casi a su destino, pero nuestro pacto de caballeros las frenó en seco, o más o menos. Quizá debimos ir más despacio. Tal vez fue el bamboleo de los hielos del cristal, de esas copas que me ayudaste a preparar, esas que me dejaron el mejor sabor de boca, húmedas de risas, ásperas de besos, secas de más. Y todo el tiempo estuvimos queriendo no querer. Y pudimos no querer aunque queríamos. Tus manos, mis manos, tu boca, tus ojos, mis palabras. ¡Cuánto tiempo sin palabras que se pierden entre cuerpos!. Atajamos la lujuria pero dejamos picando tanto, que miedo me da que mueras de miedo, sin hablarme ya, casi clínicamente sanitario para no doler, ni traicionar. Pero hay!...no voy a pedirte que cumplas tus palabras, pero espero que no olvides que lo que queda vivido, vivido está.

Alma solitaria, dieciochesco sin cura, romántico vulnerable: aquí estoy, en ese pequeño, pequeñísimo espacio de desconocidos, nuestro, silencioso, y tan grande a la vez, que sin esperarlo se fue armando una noche clara de sin lunas ni soles, sin nada más que ojos que iluminan y voces que acarician las almas.

Mi reflejo es hoy una espalda, que no es mi espalda, pero que aún así, significa casi un posicionamiento inverso de mi estado. Voy llendo tanto de frente, que hoy me gustaría poner la espalda...y que alguien tenga a bien, palméarmela.

Gracias.

1 comentario:

fabianhriosrubino dijo...

aún no leí el texto, pero qué foto, nene!