Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

25 julio, 2008

Moncalvillo...allá, cerca de la Rioja









'Bistrot' bien puesto al día
MONCAVILLO-CAFÉ BISTRÓ
San Lucas, 15
91 319 40 41 Cerrado domingos
Precio medio: 35-45 euros


por FERNANDO POINT para Metrópoli, suplemento de El Mundo


El rótulo reza Moncalvillo-Café Bistró, y dentro con lo que nos encontramos es con una enorme foto de París. Uno se encuentra algo desorientado.
Moncalvillo es un pueblo de La Rioja que desde hace 10 años figura en los mapas merced a la buena labor de la familia Echapresto en su Venta Moncalvillo. Pero, ¿qué relación tiene todo ello con un local de los aledaños de Chueca y una foto de París, cuyo patrón, además, habla con un inconfundible acento argentino (aunque intenta suavizarlo)?
Pues poca relación: el nombre viene de que el patrón –su socio está en cocina– tiene tres de sus cuatro abuelos italianos, y para recordar a su abuela riojana le ha puesto el nombre de su pueblo natal.
Ahora bien, nada particularmente riojano, ni notoriamente argentino, hallaremos entre las cuatro paredes –por cierto, bien agradables– y las 11 mesitas de Moncalvillo.
Y, si insisten, les diremos que tampoco enormemente francés: el concepto, sí, es el de un bistrot moderno, informal pero civilizado. La cocina, en cambio, es esencialmente ecléctica, siempre con un toque tradicional y un guiño moderno poco forzado.
Cosas reconocibles pero no vulgares, ligeras, bien hechas, con buen producto y una relación placer/precio más que notable. En pocas palabras: una de las mejores novedades que nos hemos encontrado en este barrio que ya alcanza la mayor concentración de casas de comidas por metro cuadrado de Madrid.
Y eso sin intentar epatar, ni ponerse fashion, ni buscar una decoración rompedora. Que ya es noticia por estos lares.
El otro día empezamos con el ya clásico amuse-gueule, en este caso bastante novedoso: una espuma de morcilla y manzana con praliné. Excelente idea, aunque el resultado es un poco demasiado dulzón.
Luego, una entrada clásica, una berenjena parmigiana irreprochable (la abuela italiana parece pesar más que la riojana...) y otra moderna, verdaderamente espectacular: unas vieiras crujientes acompañadas de alcachofas escalfadas y, de nuevo, un toque de morcilla.
Los platos principales, aunque poco numerosos en una carta muy breve, son lo suficientemente variados para todos los gustos: probamos, por una parte, un 'steak tartare' según los cánones, con buena y jugosa carne roja cortada con cuchillo y un apresto potente, picante, a la vieja usanza. (Pídanlo más suave y lo harán con gusto, pero este cronista es aficionado a la versión 'hot', y la hacen muy bien), y por otra un risotto verde en caldo de vegetales con chirlas en el que lo de menos son las inocuas chirlitas, ya que vale sobre todo por el excelente punto y por el sabor prístino, a mar y a huerta, del caldo base.
Los postres siguen en la línea civilizada, medida, reconocible y con algún toque bien venido: por ejemplo, el rico helado de violeta que acompaña a una marquise de chocolate amargo verdaderamente suculenta. Y, si no, tarte tatin con helado de vainilla. Éste sí, como en París.
Hay varios vinos interesantes en la bodega, y alguno, como el muy personal 4 Kilos 2006 mallorquín, casi imposibles de encontrar en Madrid. Con él sube un poco la cuenta, pero nada escandaloso. Y hay opciones baratas de muy buen nivel.



COCINA.....................................................NOTABLE
SERVICIO.................................................EXCELENTE
BODEGA....................................................NOTABLE
DECORACIÓN/AMBIENTE..................NOTABLE



Clasificación: 14/20

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