Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

07 junio, 2008

...de tu mirada

Apenas se percibe en esta foto todo lo que decimos diciendo lo que deberíamos gritar. Apenas se ve tu cara desdibujada entre los cacahuetes del aperitivo de ese 31, y tu presencia sobre mi, reclamando atención, la que mereces y merecías más aún en ese momento.
Llevo tiempo guardando esta foto, para aclararla, descifrarla. Porque es una foto de amor, del amor entre dos hombres que debe ser necesariamente triunfal y poderoso. Ese amor que debe derrotar las dudas, las disculpas, los errores, los horrores, y suavizar las culpas, los sentires malvados.
Un amor que yo necesito mucho, que tu apenás te animas a desnudar, que aún desde la insoportable esperanza de que el día del reencuentro no está nada lejos, me llena de angustia, porque es un amor que debería ya ser de mucho antes, de antes, de cuando esa foto, donde tu dabas todo y yo me hacía el tonto.
Amore mio, tu silencio, tus palabras excesivamente cordiales, tu ocupadísima carrera hacia la habilitación a la independencia laboral, me atontan. Hay días que me siento lejano por no molestarte, como si mis deseos se tuvieran que ocultar ante tanto y tanta responsabilidad que de repente tienes.
Y, si, ya no tienes 25 y te derrites conmigo, ahora ya afilo más las palabras para no perder en los mares adriáticos, o en Bologna, o en vaya saber que ciudad.
No me viene mal un poco de ejercicio de poesía, esa poesía que tanto te debí, por bobo, atontado, y cobarde.
Sigo como ves, siendo el mismo, pero ahora estoy seguro de lo que digo, y soy yo el que se queda embobado al mirar tu sonrisa.
Te quiero, y quiero que seas parte de mi vida para siempre.

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