Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

01 mayo, 2008

La espera de la dulzura



Hace ya unos días en el torbellino de sensaciones que van movimiendo mis últimos movimientos que acomodan, a su vez los miedos, allá en el fondo ponen la debilidad y las dudas, y en el frente como gigantes, esperanzadoras y tan esperadas, aparecen las seguridades; hace ya unos días, decía, me dí cuenta que si hablo del amor que siento, hablo de sentimientos, de pequeñas o inmensas cosas que debo y quiero tener en mi vida. Quiero contar que cuando amo soy de esos enamorados que no pueden esperar el ascensor para subir al piso donde me esperas. Quiero tocar tu cuerpo suave y perfecto, pero a la vez llenarte de antiguas palabras, de las que repiten hasta el cansancio, compromiso, belleza, sensualidas, te quieros, para toda la vida, luz de luna, ároma de rosas, rayos de sol. Quiero comprender que ya dejé la generación que sólo quiere hablar con sus cuerpos, bellos, aún más que los más bellos de siempre, pero ¿donde están los bellos que permiten sentir: eres bello?. Quiero revitalizar y volver al diociochesco del romanticismo cursi, y el cortejo amable. Quiero regalar flores y que me las regalen. Quiero decir te amo cuando me lo pidan. Quiero hablar con todos, pero no quiero hacer el amor con cualquiera. Quiero que mi amor tenga dueño, sueño con él, él lo sabe, no se si lo entiende, tentado está. Quiero llegar a casa y llenarme de ti, dejar fuera las tensiones, los problemas, el olor a calle, y refrescarme en la fresca calidez de tu mirada, acodarme en tu suave hombro, rodearme de tu inmensa sonrisa, agotarme de tu aliento, debilitarme con tus besos, congelarme con tu mirada. Quiero manejar mis pensamientos para que cada día que pasa se vaya la ansiedad y se conviertan los sueños en realidades, que una hoja deje de ser un inmenso mar de palabras, y tu voz se convierta en la música que me mece. Quiero sentirme abrazado por tus brazos, casi amarrados para siempre, con calor, con frío, con viento. Quiero que dejes de tener miedo, como lo tuve yo. Quiero lograr lo imposible para que lo posible sea como una bendición, una gracia de santas y madonas entrelazadas por la lejanía que nos impuso mi ignorancia y precisamente fueron mis miedos, esos que te empujaron los que te pido que olvides, y que ambos aprendamos de ello, para que se cumpla el Oráculo. Quiero que seas tu. Tienes la palabra.

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