Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

26 mayo, 2008

...de tu piel

Apeados aún a las barandillas calientes donde nos dimos el primer beso, recorro el paisaje y entre los lejanos árboles y las viejas casonas, te sigo buscando como el recuerdo de lo que debe ser futuro. Un poco más abajo de la colina, donde exactamente termina el pueblo y comienza la larga carretera, veo que llegas. Pero no eres tu como tu eres en esencia. Eres otro. Un extraño. Pero eres tu. Y pasas junto a mi y lloras, y sin pensarlo, y sin verme, y sin siquiera sentirme, me rozas con tus dedos. Y la magia que debía venir desde lejos nos pega de frente y nos deja tirados en el medio de la nada, más allá del pueblo, la barandilla, el camino, y la colina.
Dices que amas pero que en tu corazón hay muchos lugares, que cuando estás conmigo estás pensando que quizá no seas tan bueno como deberías ser, que no quieres ser más dulce, que no quieres ser tan malo.
¡Si pudiéramos tener un punto medio en cada momento!
Pero estamos hechos de pasión y movimiento, de vidas de sibaritas y disfrutones, de acomodados sillones a paredes blancas, de champagne, de gin tonic inacabables, y cervezas espumosas y frescas, y humo, y drogas.
Cuanto mejor sería que mi vicio no fuera tu piel.

22 mayo, 2008

Sostenerse



Detrás de los titulares que ya se escuchan por dónde la bilis inundo las cloacas; más allá del pasado de pérdida de tiempo entre andamios blancos alineados y toneles de fermentación destilada; quizá demasiado alejados por tan volcánicos con miedo al incendio.

Y de pronto, repentina, inesperada y oportunamente nos estamos sosteniendo.

Es que el futuro es nuestro.

Y, si.

15 mayo, 2008

01 mayo, 2008

La espera de la dulzura



Hace ya unos días en el torbellino de sensaciones que van movimiendo mis últimos movimientos que acomodan, a su vez los miedos, allá en el fondo ponen la debilidad y las dudas, y en el frente como gigantes, esperanzadoras y tan esperadas, aparecen las seguridades; hace ya unos días, decía, me dí cuenta que si hablo del amor que siento, hablo de sentimientos, de pequeñas o inmensas cosas que debo y quiero tener en mi vida. Quiero contar que cuando amo soy de esos enamorados que no pueden esperar el ascensor para subir al piso donde me esperas. Quiero tocar tu cuerpo suave y perfecto, pero a la vez llenarte de antiguas palabras, de las que repiten hasta el cansancio, compromiso, belleza, sensualidas, te quieros, para toda la vida, luz de luna, ároma de rosas, rayos de sol. Quiero comprender que ya dejé la generación que sólo quiere hablar con sus cuerpos, bellos, aún más que los más bellos de siempre, pero ¿donde están los bellos que permiten sentir: eres bello?. Quiero revitalizar y volver al diociochesco del romanticismo cursi, y el cortejo amable. Quiero regalar flores y que me las regalen. Quiero decir te amo cuando me lo pidan. Quiero hablar con todos, pero no quiero hacer el amor con cualquiera. Quiero que mi amor tenga dueño, sueño con él, él lo sabe, no se si lo entiende, tentado está. Quiero llegar a casa y llenarme de ti, dejar fuera las tensiones, los problemas, el olor a calle, y refrescarme en la fresca calidez de tu mirada, acodarme en tu suave hombro, rodearme de tu inmensa sonrisa, agotarme de tu aliento, debilitarme con tus besos, congelarme con tu mirada. Quiero manejar mis pensamientos para que cada día que pasa se vaya la ansiedad y se conviertan los sueños en realidades, que una hoja deje de ser un inmenso mar de palabras, y tu voz se convierta en la música que me mece. Quiero sentirme abrazado por tus brazos, casi amarrados para siempre, con calor, con frío, con viento. Quiero que dejes de tener miedo, como lo tuve yo. Quiero lograr lo imposible para que lo posible sea como una bendición, una gracia de santas y madonas entrelazadas por la lejanía que nos impuso mi ignorancia y precisamente fueron mis miedos, esos que te empujaron los que te pido que olvides, y que ambos aprendamos de ello, para que se cumpla el Oráculo. Quiero que seas tu. Tienes la palabra.