Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

19 abril, 2008

il mio amore


Acabo de ver por enésima vez las fotos de Barcelona, esas de las sonrisas y la entrega a tope, las de las callejuelas antiguas, la de la plaza, la Catedral, la terraza del hotel donde tan felices se nos veía. Recuerdo las torradas, el pan con tomate, la escalibada, tu mirada tan arrebatadora, sin ninguna traba, simplemente amándome. El cafecito de la mañana. Tú con tanto pudor que me arrebataba.
Aún sigo sin responderme sin embargo, porque hice que todo se torciera, porque cultivé nuevamente el alejar de mí a los que me quieren, ese típico instrumento que tocaba a la perfección allá por mis 30 y un poco más cuando me llevaba el mundo por delante, por ganas de darlo todo y vivirlo todo, sin pérdidas de tiempo, pero con tanto dejado en las esquinas.
Esos 20 y pico y 30 y un poco más que me quitaron tanto y me dieron tanto. Que me mataron de golpe la inocencia, y me inculcaron la verdad de que la verdad no es tan verdadera como la realidad misma, el hola a hola, el día a día, el hasta siempre, los adios.
Nunca te dije, allá por los 30 y un poco más, que te amaba.
¿Sabes? me daba miedo decirlo. Me daba miedo porque no sabía más que de pérdidas.
No quería volver a decir te amo, y perderlo todo.
Y no te dije te amo, y te perdí.
Pero lo peor de todo, lo que menos me gusta, lo que más dolor encierra mi alma, es lo que has sufrido por mí. Cuando recuerdo tus lágrimas, que en otro tiempo he vuelto a provocar en otro que en otro tiempo fue otro que tuve que alejar de mi con esa misma brutal afinidad por amar tan desesperadamente y a la vez tan animal; pues eso, que cuando recuerdo tus lágrimas, lloro de nuevo, porque no, nunca quise hacerte daño.
Pero te hice y mucho, y más daño, o el mismo quizás, me hice a mí.
Tenía miedo, mi amor.
Miedo de mi amor, de amarte a toneladas, de darte tanto amor como el que tengo, y que cuando entregado, suficientemente a full, pinchara ese globo, y otra vez el mismo the end de las novelas que firmaba.
Y entonces cuando ahora, luego de tanto tiempo, de tanta ausencia, de tanto pensamiento, de tanta saber que a pesar de lo lejos que estamos, los dos pensamos en nosotros, entonces sí, ahora lo sé. Ahora sé que puedo decir que te amo.
Y no sólo te amo. Sueño contigo. Duermo contigo todas las noches, en ese calorcito que ahora marca un lado de la cama, nuestra cama quizás. Más adelante, cuando podamos.
Cójeme la cara como antes y mírame a los ojos, bésame, lléname el oído de palabras que sólo encuentres para mi, y que tus dedos marquen todos mis lados, dibuja en mi pelo las formas que quieras, dejame tocarte el lunar de la barriguita, cuando extenuados de extenuarnos de amor, nos demos más tiempo para seguir amándonos, y que pronto, más pronto de lo que tu prurito y tu bondad lo permitan estés junto a mí, como antes, como debió ser siempre, sin miedos, sin temores, sin no amores.
Necesito, sí, necesito, que me cuides cada día con tu voz, tus abrazos, tu boca.
Quiero, sí, quiero, hacerte el amor tantas veces como nos sean posibles, en tantos abrazos y caricias que casi sea exagerado el plácer, de puro golosos nomás, de extásis de amor, de flores y mieles nuevas, desconocidas, hadas y duendes amigos, ensoñaciones, música, tu y yo.
Simplemente amar, simplemente amando. Sin tantas vueltas de soledades llenadas en bares llenos de otras soledades asociadas al éxito vacuo del éxito de la mirada que te sigue.
Cercami come quando e dove vuoi, cercami è più facile che mai, cercami non soltanto nel bisogno, tu cercami con la volontà e l’impegno...rinventami!

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