Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

12 marzo, 2008

Perdura ensueño


Que ganas de acabar el día para meterme en la cama y soñar contigo, cojer fuertemente la almohada y llevarme a Morfeo de paseo, con gladiolos azules y mariposas sin alas que bajo el agua de aquella pecera acristalada nadan felices.
No hay que decir, no hay nada más que hacer si nuestros corazones se han dispuestos para perder el sentido y fundirse, únicos, simples, perezosos de sol.
Tengo que hacerme a la idea de que estaremos juntos si todo es como debe ser, porque la vida nos une a patadas en el culo, por más que intente de todas maneras mancharte de aceite la camisa blanca, inmaculada de tanto amor, chorreando de risotadas y placer.
¿Porqué? A menudo me pregunto donde está la razón que nos lleva a ser tan tarados. Cómo si el medio no nos gustase nada. Fuera lo gris decimos en nuestras cartas. Arriba las vanguardias, gritamos desde nuestro podio de paganías.
Me siento tan feliz cuando veo que las cosas se van poniendo en su lugar, y sin embargo, aún hay tanto que acomodar en estas nuevas estanterías, que el miedo a conseguir todo lo que quiero y deseo, se va apoderando de mi cuerpo, y me atornilla al sofá frente a Famas ajenas, que me llenan de vacíos y me esquivan la realidad.
Sin embargo, siempre, cuando el sol de la mañana pega en las hojas de El País, y mis ojos se entrecierran de tanto brillo, y cuando los ojos me tiemblan por el tiempo que llevo sin llorar, y las frutas y las verduras rebalzan los cajones, pienso en ti.
Ahora que ya no queda más que nuestras palabras. Ahora mientras me besas entiendo que me gusta porque el misterio dentro de ti me hizo entregar.
La culpa es tuya....gracias a Dios.

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