Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

28 marzo, 2008

Grosberenstrase 11


De pronto del fondo de un hueco enorme de oscuras paredes, cóncavas de dolor, ajeno a todo lo que llevara más de tres tiempos para hablar, se desprendió un granito de arena, amarillento, poca cosa, y simplemente se llevó por delante con su brillo otro similar granito de arena, amarillento, poca cosa también, aunque ya menos. Al cabo de dos segundos larguísimos como dos segundos de llantos pueden dar, los granitos poca cosa, esos, los de arena, flotaron por el aire y medianamente acalorados se miraron, y entre mirada y mirada, y así medio como desconfiando se dejaron arrastar por una canaria de alas verdosas que volaban sin rumbo directamente hacia el destino de todo.
Y un poco en serio y un poco en broma, los poca cosa esos de granos de arena, amarillentos, se tornaron de un rojo amanzanado, estallando en verdes, azules, celestes, blancos, pociones, y más, que mejor no relato que es bueno guardarse algo para pocos.
Mientras tres pajaritos jugaban con una ardilla al borde del apeadero de ese raro y extraño nomeacuerdonombre, el dificil e incesante interes por las cosas del mundo exterior se iba diluyendo como agua hirviendo exáctamente calentada, en esa bolsa de ceylán, kamillen, amarrándonos como si público y privado fuera nada, en esa doliente música mañanera de nieve, lluvia y sol de Lichtefelder Ost.
Cada minuto debe tener su sentido si perdemos de vista que al menos YA tiene valor si es YA y no poca cosa. Cabeceamos de rabia para quedarnos despiertos porque no hay nada más lindo que tirarnos en la alfombra y olvidarnos de los mocos, los tío pito, o marcianos varios. Allá se escuchaba una radio ¿era el Papa? ¿era Angela?... nos interesaba tan poca cosa más allá de los dos, que aunque pareciera que no, todos nos hemos puesto celosos.
Manzanitas, nombre de mayores, dormilonas en coches, poco llanto quizá, Mamá y Papá, y un extraño que poco tiene de permanente.
Poca cosa tal vez.
Los Tulipanes dirán lo demás. Las verdades ya las hemos dicho. Cocina alemana, asadito, chocolates, muchos chocolates, ¿me vienes a buscar que no sé cómo llegar?, masaje, maté o manzanilla, El País, los brunchs del Bergham 103, la Adidas amarilla, y los espíritus que anduvieron dando vueltas, sin más, como poca cosa, que es tanta, de tantos años y quizá como sin quererlo lloramos una vez primera por nosotros mismos, por las constantes despedidas que otra vez son, pero distintas, para más allá. Para más. Tanta cosa.
Es que ya nos estamos poniendo bien mayores.
Y un angelito ha entrado en nuestras vidas.

2 comentarios:

Sergio Lanza dijo...

Sublime. En serio te digo, que un día de estos vas a tener que dejar de dar vueltas y ponerte a escribir. Jeje ;)

Gus dijo...

Volvemos a dar las vueltas que nos envuelven para volver a volver. :)