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10 marzo, 2008

10 de Marzo

ZAPATERO A LA PRIMERA Y A LA SEGUNDA (de Óscar Campillo)
Extraído de EL MUNDO, lunes 10 de marzo de 2008


¿Otra sorpresa? ¿Otra vez contra pronóstico? ¿Una vez más exclusivamente como resultado de algún acontecimiento inesperado? ¿Tal vez también ésta una victoria por casualidad y cuya consecuencia, en este caso la renovación de la confianza para trabajar durante otros cuatro años al frente del Gobierno de España, no alcanzará el final de los cuatro años de la legislatura?
Por extraño que parezca, ese es uno de los elementos comunes de cada paso adelante en la trayectoria política de José Luis Rodríguez Zapatero. Ha ocurrido sistemáticamente.
Lejos de reconocer algunas virtudes en el ganador, sus adversarios políticos, tanto los internos del Partido Socialista en León como los externos una vez instalado en La Moncloa, excepción hecha de José Bono tras el 35 Congreso Federal, han optado por explicar la derrota con apelaciones a factores del más variado pelaje.
La suerte por ejemplo, siempre buena para Zapatero, la famosa baraka, y mala o pésima para todos los demás. La casualidad. La suscripción secreta de acuerdos indecentes, que sin embargo todos los demás hubieran firmado al instante caso de haber podido. Su diabólica habilidad para el encantamiento o el empeño de millones de anestesiados ciudadanos por dejarse encandilar y embaucar como el aprendiz de jugador que sucumbe deslumbrado ante los espectaculares malabares de los maestros del póker.
Por unas causas u otras, algunas tan graves como el mayor atentado terrorista de la historia de Europa del 11 de marzo de 2004, tres días antes de la fecha señalada para las anteriores Elecciones Generales, los sucesivos triunfos del actual presidente del Gobierno en funciones han topado una y otra vez con el menosprecio de algunos de sus adversarios, la indiferencia de otros –también entre los suyos- o la sonrisa tópica de quien perdona la vida a quien sólo un capricho de la historia ha colocado en una posición de ventaja.
¿Zapatero un accidente? Así ha sido más o menos siempre para sus contrincantes. Pero una y otra vez llegó para quedarse.
Va siendo hora de que empiece por tratar de entenderle quien en el futuro pretenda superarle. Una victoria holgada después de una legislatura a cara de perro y la coincidencia de los pronósticos en un desenlace electoral mucho más ajustado merece un análisis más profundo y menos precipitado del que han realizado históricamente sus rivales de todas las pugnas anteriores, otra vez con excepción de José Bono, a la sazón el más inteligente de sus adversarios.
Con sus errores, no pocos y algunos de ellos muy serios, y sus aciertos, el ganador de las Legislativas españolas justifica en realidad su imparable trayectoria en cimientos muy sólidos.
Por ejemplo una asombrosa capacidad de trabajo para la política en la que no resulta fácil reparar por sus escasas similitudes con el prototipo habitual. La política no es sólo su trabajo, como sucede con la mayoría de sus colegas, es también su vida. Una vocación más que una dedicación. Le requiere esfuerzo, naturalmente, pero no como su profesión a la mayoría de las personas; es una actividad que le entusiasma, que convierte en un desafío permanente y que vive como pez en el agua, con pasmosa tranquilidad y la resistencia típica de los corredores de fondo.
No en vano ha sido el ajedrez uno de sus pasatiempos favoritos. La estrategia. Nadie sabe a ciencia cierta las jugadas que en casa momento madura en la cabeza, las salidas a cada posible encrucijada, las respuestas para todas las hipótesis imaginables. Pero ahí están. ¿Cuándo empezó Zapatero a pensar su intervención de ayer por la noche? Mínimo, en Navidad. Como en los nombres del nuevo Gobierno.
Es otra de sus características principales la facultad para escuchar. No ha dejado de entrenarla. Y no es rasgo menor un cierto espíritu de rebeldía que le empuja a defender su independencia para trazar el camino. El resultado de ambos factores es que nadie conoce con exactitud la extensión de la red de contactos personales que mantiene activa por encima de su entorno oficial en el Gobierno y en el partido y que utiliza según las circunstancias, pero quienes le rodean saben que nunca deja de buscar opiniones y puntos de vista distintos a los del monumental aparato que trabaja formalmente al servicio de cualquier presidente del Gobierno de un país desarrollado.
Optimista por naturaleza, extrae cantidades incalculables del mejor combustible de su convencimiento en la posibilidad de transformar el mundo que le rodea y de su determinación en la defensa de los principios que considera irrenunciables: la democracia, la igualdad y la libertad.
Peor consejera es su mal controlada tendencia a la autocomplacencia, esa variante de la vanidad que le juega a veces malas pasadas y le conduce a conceder efectos casi milagrosos al diálogo -especialmente cuando es él quien lo practica, claro-, a considerar fácil cualquier reto sin valorar con rigor las dificultades y los recovecos del camino y a resbalar de vez en cuando con manifestaciones que rozan o caen de lleno en la frivolidad. Tal vez es ahí donde hunde sus raíces esa escueta dosis de gusto por la provocación que rivales y analistas interpretan como radicalismo.
Bambi, Zapatitos, leve, flojo, inculto, irresponsable, inexperto, insignificante, mera nota a pie de página en la historia de España, falto de preparación…Las bromas y los calificativos en contra más o menos gruesos le han salido al paso desde que empezó su carrera política allá por los albores de la Transición, pero lo cierto es que desde muy joven, desde 1982 por lo menos, ha desempeñado ininterrumpidamente cargos de responsabilidad, ora en el partido, en León y en Madrid, ora en el Parlamento o ahora en el Gobierno.
¿Servirán los 169 diputados obtenidos en las estas Elecciones para que los líderes del resto de formaciones y buena parte de los analistas políticos caigan en la cuenta de que tras esa sonrisa apacible y esas maneras suaves habita un político duro, correoso, trabajador, idealista, provocativo, templado, resuelto, frugal, audaz y lleno de coraje y con puño de hierro? ¿Entenderán ahora que jamás pierde de vista la repercusión de sus iniciativas en los ciudadanos?
Zapatero ha vuelto a llegar para quedarse. 'Zapatero a la primera' tituló Ymelda Navajo la segunda edición de la biografía del entonces aún desconocido para el público José Luis Rodríguez Zapatero que editó La Esfera de los Libros.
Efectivamente era el primer presidente que alcanzaba tal condición la primera vez que se presentaba a las elecciones. A la segunda también. Como sus predecesores Suárez, González y Aznar, aunque no por mayoría absoluta como ellos, y no por la diferencia que él mismo había pronosticado, pero también.
Óscar Campillo es director de 'El Mundo de Valladolid',
y autor de 'Zapatero' y 'Zapatero, presidente a la primera'.
Publicados en La Esfera de los Libros en 2001 y 2004 respectivamente.