Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

19 diciembre, 2007

Esperanza

Realmente a menudo los seres humanos nos vamos atontando de tanto tener y tanto poseer, olvidándonos miserablemente de que en definitivamente, más allá de oropeles, mesas fastuosas, cuerpos espectaculares, viajes sin tiempo, la vida de cada uno de nosotros en resúmen casi no tiene ni sentido, más allá de todo lo que intentamos retener, nuestro cuerpo y nuestra alma es lo único que poseemos.
Hubiera sido más fácil negarlo todo e irnos a una montaña a deambular comiendo raices y cubrirnos del frío en una cueva, pero eso ya ni siquiera funciona.
Por eso vivimos en medio de esta vorágine de competiciones y barreras en una directa ida y vuelta hacia lo que definimos con bastante lujuria como éxito.
Y en ciertos momentos, como de lucidez, cuando quizá un mal momento nos hace pensar un poco hacia donde estamos poniendo toda nuestra energía, ahí justo, en ese instante donde todo parece murmurar en contra nuestra, donde ya las piernas no aguantan, y la mente necesitas de decenas de pastillas para darte ánimo al menos para despertar, lavarte y esbozar media sonrisa frente al espejo. Ahí en ese instante de semi claridad, nos damos cuenta que no importa nada el dinero, ni lo que queremos, ni lo que sentimos que nos hace falta, y todo se vuelve fútil, insignificante, innecesario, sin sentido, banal.
Es cuando inesperada e inevitable, aparece la realidad de la verdad más humana y en esencia somos nosotros. Simplemente en ese instante donde nos tocamos, y nos sentimos.
Es cuando, quizá sentados en el sofá, tomamos de la mano a alguién que sintetiza todo nuestro amor, y nos fundimos en un beso, o simplemente sentimos.
Es cuando, leemos de lejos las palabras de nuestros amigos lejanos, que necesitamos tanto, que queremos tanto.
Es cuando, a altas horas de la noche, llamamos a esa voz que es como una nana de medianoche, casi madrugada, para que nos ensueñe, y nos enseñe que estamos juntos.
Es cuando, descubrimos en los ojos de alguién que ese, sea tal vez un casi si, si nos dejamos.
Es cuando, nos damos cuenta que todos los días estamos contando en el almanaque imaginario los días que quedan para el no menos que imaginario 25 de enero.
Es cuando comprendemos que no importa los malos augurios, los juicios, ni los que ahoran no dejan de tragar bilis, cada vez que pronuncian tu nombre. Hay más vida que nos pertenece y vamos a por ella.
Es cuando nos decubrimos y entendemos como somos utópicos, necesarios, y que tenemos todo el futuro por delante, porque tenemos esperanza.

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