Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

15 noviembre, 2007

Ese breve espacio en que no estás




Hace muchos años, en un piso inmaculado por la pulcritud y el sol del Río de la Plata, lo comprendí todo.

¿Que era más importante en la amistad que la devoción?.

¿Podrías acaso separar a dos amigos el gusto sobre tal o cual cosa, o la opinión distinta en un mismo tema?.

A menudo la vehemencia de los pocos años confirman nuestra identidad, avasallando al prójimo, como si fuera un combate de todo o nada, oscureciendo lo que el tiempo venidero florecerá. No importan los kilómetros ni las espacios, ni siquiera una borrosa imagen de poderío, ahora ya menor, incluso inexistente de tanto amor, tanto que acostumbra el "te quiero" de la despedida, esa que rememora los mejores años de aprendizaje, construcción y pérdidas.

Una vez, sentado a tu lado descubrí mis sueños, fantaseando juntos sobre un futuro inmenso que no íbamos a dejar truncar por nada del mundo, recomponiendo puzzles de miedos e inseguridades, agobiados de tanta mediocridad soberana, indefensos ante los juicios, las condenas, las palabras que para nosotros no eran nada más que bobadas.

Tarde años en darme cuenta de lo que te necesito.

¡Tengo tantas ganas de perderme en tus palabras y llenarte de las mías!.

Quiero que nos idioticemos de complicidad, llenos de esa libertad que apenas conocen algunas personas, sabiendo que no importa para nada cuidar nuestra imaginación, nuestro deseo, sin límites de pruritos, ni condiciones sociales, allá en ese espacio donde sólo habita nuestro encuentro, demorado por la vida que más allá de fronteras y visados, nos volvió a juntar, como hace años cuando soñábamos con salir de ese cajón amargo y sucio que se llama oscuridad.

Si pudiera intentaría poner en palabras bellas todo lo que sabes que llevo dentro.

Si supiera haría un molde tuyo y lo pondría cerca de mi mesa para que nunca se vaya.

Por sobre todo, vos y yo.

Como otros, como nadie.

En ese único y hermoso espacio de los dos.

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