Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

30 noviembre, 2007

Arroz con pulpo


Tensando las manos antes de cortar la cebolla, que lagrimará mis, con el rojo del pimiento chorreante, y el agua a punto de salar, vapores que inquietarán los arroces blancos de la mañana fría y bellísima que me pone de tan buen humor dentro del reino infinito de mi vocación amante de sapiencia, locura, deseo, y agilidad para cocinarte lo que me pidas en un plis plas.

Y pienso en que a menudo lo más fácil para ciertas personas es borrar la gente que molesta su opinión. Dan por sentado que injuriando o falseando la realidad, su poder abarcará a toda la realidad del mundo, como hace el PP con sus gritos contra el gobierno, como hace la mafia con quién quiere evitar.

Alguién ha dicho que allí donde no importa el dinero, exite el corazón. No importa demasiado los silencios organizados, los tratar de ocultar verdades, las mentiras orquestadas, las copas de bilis a las 2 de la madrugada, no tiene ni siquiera sentido para la verdadera esencia de algunos que se confunden bastante a menudo que luego arrepentidos volverán avergonzados a intentar sentarse a tu mesa.

No pasa nada. Don´t worry.

Hay más mundo allende los mares, siempre lo hubo y lo habrá.

Barajaremos las cartas de nuevo, sentados a la banca, después de la mala racha, sabiéndonos dueños absolutos de nuestra presencia, estigmatisando, por caducos, los bajos instintos de otroras pasajeros de un mismo bagón, y volveremos a conducir con toda seguridad los altas velocidades que nos llevan siempre al mismo destino: ese futuro que simplemente nos pertenece.

Atrás quedaron muchas cosas, y quedaron algunos que sin saberlo se perdieron por ignorantes del estreno mundial de la gran película que es en realidad la que no cambia, de aquí a allí y cuando menos los esperes allá.

Pobres necios, blandos enanos, tibios ignorantes, seres que en realidad sólo pueden tenerse entre ellos, abroquelados contra ESE que simplemente pueden envidiar por poseer el fruto maduro de la libertad más allá de cualquier asociación de límite inimaginable.
Las cebollas y el ajo primero, y luego el pimiento, arroz, caldo de pescado y un poco de pulpo, y fuego, que quema y purifica y llena de luz desde hace rato.


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