Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

18 octubre, 2007

Papá


Hoy hizo un año de la muerte de mi padre.
Estuve todo el día pensando que se murió y espero que esté en algún sitio donde nos pueda ayudar un poco. Yo siempre imagino a mis muertos como ángeles que pululan a mi alrededor, vigilantes, que me guían aunque cada tanto me den una bronca poniendo la pata de la cama en medio de mi dedo pequeño del pie o volcando el paquete de azucar de mis manos en el suelo recién limpio de la cocina. Me gusta tenerlos a mi alrededor, sobretodo a la noche, sentirlos chismorrotear de mí sobre mi cabeza.
Hoy, después de más de quince días de problemas de salud, visitas a variados facultativos, medicinas, y análisis diversos, y por primera vez en este tiempo, me he sentido con un poco de ánimo. Y eso que sólo he tenido que recorrer Madrid de Legazpi a Arturo Soria para llegar puntual a la consulta de dos doctores.
Pensé entonces que quizá mi viejo, algo habría aportado a este estado de claridad mental que hoy me ha asombrado.
Probablemente sea sólo una necesidad de poder seguir contando con él. De todos modos me parece más apropiado, que la misa que mi familia le dió en Buenos Aires. Comprendo que para ellos haya sido importante recordarlo así. Personalmente, me resultó más fácil aventurar algo incierto, y en vez de pedir, saber que estaban ocurriendo cosas por su buena obra.
¿Acaso sólo los santos pueden hacer milagros?.
No sabría decir si es un día triste, más bien evito que así sea. No he llorado, raro. Y me he sentido positivo.
Quizá sea lo que el deseaba. Quizá esté empujando para que lo logre.
Es extraña la sensación de acostumbrarse a decir: mi padre se ha muerto.
¡Que monótona se vuelve esa frase, tan fría e impersonal!.
Pero es la realidad: mi viejo se murió hace un año.
Hoy, seguramente, ha ayudado a sentirme mejor.

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