Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

12 octubre, 2007

Ojalá sea posible

Debajo simplemente de una palabra que arrastra el deseo exacto, puedo encontrar la vida, que a tontas y a locas vivimos, casi mejor trancurrimos, sin importarme tanto el presente, algo preocupado con el pasado y excesivamente optimista del futuro.
Así, por esa impúdica sensación de telenovela que transmite mi entorno, cada capítulo se va delineando con los golpes que bien o mal llevados empiezo a darme cuenta que debería haber contado. Desiluciones, muertes, heridas, separaciones, engaños, miedo.
De repente estoy envuelto en el clamor ambicioso de no estar solo, ¿comprendiendo como tal qué cosa?, ¿viajes inoportunos?, ¿palabras cada vez más bellas?, ¿imaginería popular?, ¿busqueda caprichosa?.
Y en esa maraña de preguntas, las claves se dibujan, borrosas aún, cuando más sólo siento que me han dejado todos los que apoyé, escuché, amparé, en ese instante que menciono con tristeza, envuelto en la horrible inmovilidad de la enfermedad, la convalecencia y exactamente el miedo a volverme loco, justo ahí, de no se donde muy bien, llega la claridad.
Me convierto simplemente en un ser humano, dueño de su propia vida, que la va a disfrutar, sin ningun miramiento de deuda hacia nadie, ni siquiera hacia quienes más quiero, porque me he dado cuenta, que la vida es una y no da para más este torrente de dudas que se apoderá de mi hasta para tomar la bocanada de aire que ya pasa y permite la siguiente.
Si de todas maneras la muerte es la compañía que menos juicios nos va a promover, la que no me preguntará nada en el momento que me gane la partida, y espero que de eso aún quede un largo trecho.
¿Para que la preocupación porque tal o cual a quién extrañas ya ni siquiera levante el telefono? ¿para que la desilución con los glorificados y los ímberbes? ¿porqué preocuparse por situaciones que ya hay otro capacitados para resolverlas? ¿porque imaginar y fantasear, si puedo vivir realmente?
Entonces empiezo a sentir gratitud, por muchas más cosas y por muchas más personas, que los pocos problemas o conflictos que me rodean, o los que ya ni se atreven a mirarme a la cara.
Me agradezco a mi, fundamentalmente por ser un sobreviviente, por nacer y renacer y seguir naciendo, allá o aquí, o donde fuere.
Agradezco a los que ya no están, a esos amigos que me dieron la lección de vivir, los que no pudieron sostener la esperanza, los que fueron vencidos por si mismo, que le tiraron la toalla a la muerte insospechada, a quién me pidió que sólo fuese feliz, a quienes seguramente me cuidan.
Doy gracias a los que están, los viejos conocidos, y las nuevas generaciones de amigos y familia líquida, que nunca tuve problemas de generar, ellos quizás en estos tiempos se estén llevando la peor parte, pero una vez unos y otras veces otros. Y también agradezco a los que se borran, los que intimidan, los que amenazan, los violentos, los mediocres, los desmemoriados, los insultantes, que me enseñan que no valía la pena compartir mi vida con ellos. Cada uno sabrá.
Pero casi con más emoción agradezco a aquellos que me hicieron sentir amor y me convirtieron en un hombre, con la consecuencia y resultante que tuviera esa sensación: a Jorge, a Roberto, a Pablo, a Carlos, a Sergi, y especialmente a Michelle.
Gracias.

No hay comentarios: