Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

06 octubre, 2007

Más alto, más


Apenas descubro las causas de este inmenso sopor, me agota pensando en qué de qué de cuales, porqués, me ansío a despertar del sueño que me apabulla por tardes en las que ni siquiera puedo levantar la mirada de la desgana, motocicleando automaticamente mis piernas y brazos para crear algo de sentido común, humano diría, al pasar ineludible de las horas, que se alargan, que pesan, que apabullan ellas también.
Recorro los rincones de la casa, los mismos, aburrido de esperar que todo cambie, intentando obligar a la realidad a deshacer los malos momentos, los malos dolores, los malos ardores, los malos, metiendo energía a base de básicos consejos de médicos, amigos, amantes, familia, extraños, revistas, libros, televisión.
Me duele.
Me puede.
Y a pesar de ello me acomodo un día más con mis terribles fantasmas a la cotidianeidad de la charla animada, la llamada esperada, la compra pensada.
Es ya suficiente.
Pasar del dolor a la necesidad obligada de hacer algo que matice, donde encuentre un poco de relax, un poco de ese descansar que apenas puedo concretar por partes, siempre pensando que viene de lejos que siempre he sufrido y aún no importa, las cosas siguieron su curso normal, normalito digamos, que sin pensarlo me lleva a pensar en que estoy a poco de la salida.
Pero, ¡que alto!...

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