Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

24 septiembre, 2007

The same cage: ..."vamos a brillar mi amor"...


Me dispongo de mil maneras a decidir que estado es el que me toca, aplanando los cojines de a cientos de veces, pisoteados de hombros y espaldas, calientes de soportar la fastidia, la ansiedad, la depresión de las 8 de la tarde, la interminable vuelta para conseguir el sueño, con atascos tecnológicos variopintos. Sin embargo la pesadez de cada día preparar el baño, y sacudirme esta modorra de pastillas, variadas, coloridas, insólitas, reiteradas, curables, que me ansían más al saber que ni el efecto placebo puede adelantar los tiempos. Con la mente calesita que me aturde con sus miedos y sus temores, con las piernas tan cansadas como de días de arado, con los ojos nublados de tanto llorar ante la injusticia y el frío al que estoy condenado por los guardianes del tesoro, que apiratados han dejado su humanidad para otros tiempos, e imparte lecciones de incomprensión desde el olvido de sus reclamos antiguos.
Estoy cansado y aburrido, pero también estoy ilusionado y puedo amar. Estoy recluído y monótono, pero ocupándome de lo importante, y puedo leer. Estoy luchando a diario, de forma regular, confuso, creo que seguramente tanto esfuerzo valdrá la pena, y cada vez que pongo un pie en la calle, la vale. Estoy encerrado en mis temores, copias de viejos otros miedos, de antiguas casonas, viejos personajes, malos protagonistas. Alguién me pide que deje de echar a quienes me quieren de mi vida. Que ya es suficiente, y no puedo dejar de sentirme un estorbo en ciertos momentos. La nostalgia me ha ocupado el corazón, ansío llegar a Washingthon el año que viene, y que llegue diciembre en Madrid, y que los estudios de a quién le competan terminen ya, y que llegue el verano y nos juntemos en Europa my friend, y simplemente me sigo buscando entre las fotos del viejo cajón de hace mucho, y no me encuentro.
El otro día alguién dijo que la vida no tiene sentido de todos modos. Yo espero que el día que me muera mi vida tenga tanto sentido que me pueda enorgullecer de toda ella, y no de sólo una parte o de algunos años, o de cierto período.
Es lo que más quiero, que al final la dureza de los caminos que a veces decido transitar no sean sólo el resultado de mis errores, sino senderos de aprendizaje para el futuro del resto de mi vida,
hasta la muerte.
Y los árboles, y el viento, y las hojas, y los pájaros están ahí.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No dejes nunca de luchar Gus.