Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

01 septiembre, 2007

Cuarenta y dos


Quizá si supiera con seguridad que un día, mañana tal vez, se esfume la insensatez que aflora en los seres humanos, y que corrompe las promesas y las vuelve a corromper, pudriéndolas hasta reducirlas a simples cenizas sin valor alguno, quizá si supiera eso, la melancolía que a veces me invade no tendría sentido. Quizá si esa melancolía que inspira mis palabras no exitiese, no abonaría los recuerdos de seres pasados con rostros borrosos como las manchas de tierra en los parabrisas arrasados por la lluvia, ni permitiría abrir compuertas internas conductoras, dirigibles a la poesía, las bellas palabras, las bondadosas imágenes y las no tanto. Quizá si alguién me garantizara que nunca más lloraré ante el sonido de una canción de esas de hace tanto, de las de siempre, renovables, acompañantes, de todo la vida, gritaría al saberlo real, posible, próximo. Quizá cuando pueda comprender la necesidad de hacernos mal unos a otros y darnos sin respiro el peor de los deseos, intercambiando altasonantes promesas, que llevan a nada, simplemente al olvido, quizá, cuando, eso, cuando comprenda, me sentire aturdido de dudas de porqué hasta ahora siempre ha sido igual. Quizá si me faltaran ciertas películas, ciertos lugares, ciertas ciudades, ciertos países, me faltaría una parte de mi. Quizá si no tuviera a mano la mano de decenas de amigos que poblan el mundo irreal y fantástico del ahí estoy cuando me necesites, ya no podría respirar comodamente. Quizá si no comprendiera mis errores, no entendería que los buenos nos convertimos en malos en cuestión de segundos de frustración ajena, y los malos nos volvemos buenos en fracciones de sonrisas y manos amables que acompañan nuestro devenir, mundano, normal, simplemente imperfecto como la mayoría de las cosas de este mundo, salvo que se yo cuales, que tampoco estamos para glorificar lo que tiene fecha de perecidad. Quizá si hoy no fuera posible mañana, tampoco mañana valdrá la pena imaginarse pasado, y así. Quizá me vea más humano cada vez que me dan un portazo en la cara, y que más que amar a menudo hay que calcular, y que prometer es sinónimo de mentir, y que sufrir a veces es lo mejor para bajarnos del pedestal de la arrogancia que nos vamos poniendo ante cada polvo desparejado, entre salto y salto, entre cama y cama. Quizá volvería el tiempo atrás, un poco nomás, para salvar los errores que involucraron a ciertas personas que aún siguen sintiéndose mal, cada vez menos por suerte, por mi mano y mi palabra, quizá borraría las lágrimas de Sergi, o el dolor de Michelle, o tantas circunstancias que ya no tiene la pena aclarar, pero que sería bueno cambiar, para que al menos dejemos de lado los brazos y podamos mirarnos a los ojos. Quizá viajaría más a menudo a ver de cerca a Fabi necesitarlo, tocarlo, necesitarme, tocarme, y a llenar de risa la casa de Federico embobándonos de nada, quizá deba conversar más con César, o dejarme arrastrar por ahí con Alejandro, o bebernos todo el vino con Ali, el que ella desee, el que quiera, sin chistar como siempre hago, ahogándola de agazajos. Quizá los años españoles han cosechado suficiente para sentirme satisfecho como lo estoy, aunque flaquee regularmente, pero bueno, que cosecha de oro!. Quizá el futuro sea tan bueno como el mejor pasado que pasó, y el presente se presente extremo lleno de Snoopys, Micas, Arantxas, Enriques, Pablos, Joseses, capitanes todos del ejército de corazones castizos y no tanto, que a menudo golpean y abro, para soplar todos juntos las velitas. Eso, seguramente.

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