Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

16 julio, 2007

La noche de mañana a la noche

Mañana a la noche, martes, mi día de descanso semanal, tan escaso y tan intenso últimamente, voy junto a Pablo y Snoopy al concierto de Laurie Anderson en homenaje a sus 60 años, Homeland.
Además de la excitación por ver a esta artista que hace como 20 años que no veo, desde un maravilloso concierto en Buenos Aires, allá por los últimos ochentas, la noche de mañana a la noche tiene esa mágica programación que me da el quedar con amigos del alma y hacer algo, cañas, charlita, algun evento, cena, copas, risas, noche largas, extensas, de bla, bla, bla.
Tan tontamente nos ponemos que los modelazos van y vienen, las dietas vuelven no se para qué porque abandonarlas será de obligada obligación mañana, cuando el primer trago, al son del piano de Pablo, primero, y luego caminando hacia el Conde Duque, a la espera de la Pulgui que vendrá sonriente y armado para reírnos, y como siempre, hacérnoslo pasar muy pero que muy bien.
Hubo hace tiempo un film argentino que se llamaba los viernes de la eternidad, y cada vez que se acerca mi día de descanso pienso en él. Será que ya necesito imperiosamente mis vacaciones, que de todos modos hasta el 16 de agosto no llegan, será porque es un día que me doy permisos, visito inesperadamente lugares que habitualmente no frecuento, será porque es el día del cuidado facial (ja), será porque últimamente en Del Diego, encuentro más que unos buenos Dry Martinis, exactos en sabor y cantidad, será porque los martes son los días donde la sensualidad se me permite propia, dejo atras el stress laboral, aparco los horarios, y me dejo llevar exactamente por lo que me dicta mi placer, cosmopolita, mundano, vip, segun dicen por ahí, equivocando la alegría con cierta pertenencia con la que no me identifico, será seguramente mañana porque tengo en una noche para mi a dos de las personas más necesarias que me rodean.
Y precisamente creo que ahí está la clave de toda esa sensación que albergo estos días previos a la noche de mañana a la noche. Como una poción mágica que hechiza nuestras mentes, ha vuelto a resurgir como broma personal que sólo entedemos dos, el espíritu de Maaaaalaga, que no pienso explicar acá, es algo tan íntimo, tan necesario y tan cojonudamente placentero, que no hace falta razón o valoración ajena, pero nosotros, quienes nos poseemos por poseerlo, ya tenemos cumplido nuestro deseo.
Buscamos tanto que a veces no nos damos cuenta que al fin de todos modos, y casi en silencio, lo único que nos completa, que nos llena es lo que nos rodean, que nos cuida; la mirada complice, la risa porque ya sabemos que vamos a decir sobre aquello, o aquel, Mecha y Chela, y tantas más.
La amistad de los amigos que siempre estaban, están y estarán, los verdaderos, los que aceptamos tal cual son, aunque a veces gritemos que son deshubicados, cuando quizá tengamos más de una diferencia de matiz, los que vemos imperfectos, y no necesitamos de llenarnos de piropos fútiles, tangenciales, de segundos de vida, esos amigos de hierro, con los cuales nos fundimos, y encandenamos en las buenas, en las malas, y en las otras también. Con los que somos tan nosotros que podemos enfadarnos, aburrirnos, follar, querermos, reirnos, flipar, enloquecernos, soñar, tanto, que no tengamos límites, porque sabemos que cuando llegue el momento del precipicio, estará esa mano, la de ellos, la mía para cojernos fuerte, tirar y sacarnos de los pozos donde nos ponemos cuando perdemos la claridad que nos caracteriza, y que gracias a ella, nos damos cuenta que no valió la pena nuevamente, perder.

La noche de mañana a la noche será mágica, a ver si logro estar a verdura todo el día.

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