Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

18 mayo, 2007

Sin imagen

Anoche tuve la sensación en mucho tiempo de que morir podría llegar a ser un agradable momento: una cama blanda y con buen aroma, silencio, oscuridad y aire fresco que agite las pestañas.
Anoche pensé que entonces no sería tan malo abandonarse a la sensación de abandono sin preocupaciones ni ocupaciones que tanto ansío a menudo, el trajín, el trabajo, los agobios, los problemas, el humo, las resacas, las malas oportunidades, los errores, todo, en definitiva lo que mal nos hace, desaparece, y al final, como por arte de, sencillamente, la calma, llega el relax, la meseta, la tranquilidad.
¿Es la muerte el cúlmine de la tranquilidad?.
¿Es el sueño reparador del largo día de toda nuestra vida?.
¿Es conseguir el descanso después de tanto, tanto batallar día a día?.
No se, ni lo sabe nadie. Se especula, van las teorías y vienen, católicas, protestantes, judías, árabes, new ages, de reencarnación, y de las otras, las del vacío que son las que menos me convencen, no por contra áteos, sino porque me parece que una energía tan vibrante como el ser un ser humano, debe seguir funcionando de alguna manera más allá de unos años en cuerpo y mente.
¿Quizá en alma por las nubes más beneficiosas que las calles de las ciudades ruidosas y ruinosas donde caminamos día a día?.
¿Tal vez en un cajón de cristal lleno de personas anteriores, los amigos y la familia que ya se fueron antes?.
Difícil responder, fácil imaginar.
Sin embargo, también la muerte puede aparecer en mi mente, al final de una jornada extenuante de trabajo, del de verdad, de dar y dar y dar, horas y días con 5 o 6 horas de sueño, más descansado, asfixiado de compromisos, sonrisos, deberes, con apenas una noche para la locura necesaria de todo aquel normal que no quiere ni el celibato, ni la castidad, ni la curia como meta.
Claro, la resaca es una mala compañera al siguiente amanecer.
Y esa muerte que aparece, no es tal, sino la confusa combinación del ansiado descanso y la próximidad de, de nuevo, la voragine de actividad, o agobio como se dice usualmente.
Pero si es que a veces ni siquiera tengo tiempo de una llamadita telefónica, o un mirar el correo que se llena y no responde.
De todos modos Tete Montoliu con su piano, hoy, con ciertas horas de perspectivas de descanso, me acompaña y me da un masajito en los hombros.

1 comentario:

Anónimo dijo...

mnmnmnm....
llamame..
aquí estoy !
besos
Fedda