Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

26 abril, 2007

A veces tengo ganas de morirme mirando a la Luna


Decía Federico Manuel Peralta Ramos
si uno no quiere ser un recuerdo, lo mejor es ser un reloco.

http://www.fabianhriosrubino.info//espanol/r/recuerdo.htm


La memoria suele ser muy traicionera, y a medida que pasan los años, los seres humanos perdemos la capacidad de recordar. Mantenemos una incomprensible selectividad de las cosas vividas, de ciertos lugares, o sabores, pero quizá olvidamos el nombre de los más cercanos. No así sus miradas, seguramente.


Me da un cierto miedito el convertirme en un recuerdo. Es como si no exitieras, como si hubieses muerto, como si te desaparecieran. Obligando a la necesidad de pensar en eso, aquel, un lugar, aromas, palabras, nombres, lecciones, caminos, vías.


Morir y ser un recuerdo. LLegará inevitablemente, pero quizá mejor no pensar en ello, o como decía Marta Espezel: si nadie sabe la respuesta porque no ser prácticos y pensar que será bonito.


Una vez escribí en este mismo blog, parafraseando al personaje de Candela Peña en Princesas, que: existimos, porque alguién piensa en nosotros. Pero no siempre esta frase reproduce claramente los que nos hace existir o mantenernos vivos. Yo creo cada día más, que la esperanza es la razón que nos mantiene vivos, la esperanza es el comienzo, lo inesperado es lo que cambia nuestras vidas. A menudo lo inesperado son las relaciones, los amigos, los amantes, los compañeros de trabajo, los vecinos, el verdulero, o el panadero.


Hay relaciones que nos llevan muy lejos, nos hacen cruzar el charco, y luego se diluyen transformándose en aquellas que siempre te atenderán el teléfono, o las que sabes que no debes despertar a la hora de la siesta.


Hay otras que te sacan del punto de partida y te llevan a un terreno nuevo, por descubrir.


Las hay que te renuevan y te hacen hacer cosas inesperadas, que jamás hubieras pensado, y que aceptas, y disfrutas sin más, porque es así.


También hay relaciones que te abrazan sin saber nada de ti, por el sólo hecho de sentir que ese abrazo es lo que tiene que ser, y tú, abrazas también, aprisionándote a la agradable sensación de esos brazos, cuando se dan con ganas, verdaderamente.


Las que más me gustan son las de toda la vida. Las que saben que hoy pierdes y mañana ganas, y así uno, y luego otro, y todos claro, porque nadie es bueno hoy y mañana un sapo, ni la vida pone en su sitio a unos y corona a otros, la vida, cariños míos, a todos nos pone en nuestro sitio.


Yo tengo por vicio recordar todo, y a todos. No importa cuanto mal me hayan hecho, nunca borro ninguna parte de mi vida, y de todas intento aprender una lección. Que en algunas fui un mal alumno, seguro; que en otras mis lecciones cayeron en saco roto, claro; que hay oidos sordos tapados por varias manos ajenas que a su vez se tapan con otras manos ajenas, tal vez. El ser humano es el único ser vivo capaz de crear un elemento como el lápiz, ejemplo claro de la contradicción del ser humano, con una punta de ese mismo instrumento puedes borrar lo que con la otra punta has escrito. A veces las relaciones son como un lápiz, se llenan de palabras escritas en noches de exaltación y luego se borran con la nubosidad de las resacas, porque nos sentimos tan agobiados porque alguien ocupa nuestro espacio, y siempre estamos deseando ocultamente que se nos acerquen, y cuando se acercan nos volvemos a sentir agobiados porque ocupan nuestro espacio, y así una y otra vez, y Amén.


Hay quién ha dicho por ahí que mi blog está lleno de resentimiento, y que soy una mala persona. Cosa que me ha dolido bastante, no por el hecho de que ese juzgamiento me toque o de le entidad, sino porque viene de quién menos esperaba. Pero lo comprendo. Yo en su lugar hubiera actuado de igual modo. Este tipo de relaciones son con las hay que tener más cuidado, las que en extásis te llevan a imaginar más allá de la realidad, a alagar, a satisfacer, y en cuando pasa el efecto, llegan las dudas, la certeza dictatorial, la furia, que hasta 5 minutos antes ni se promovía. Las que me llevan a pensar en la muerte, por la gratuitidad de su sentencia.


Tuve un pequeño intercambio de email con un casi desconocido, que me ofreció sus quejas, y a la vez con calma, sin éxtasis, intercambio conmigo ciertas opiniones. Fue muy sanador. Fue muy maduro, gratificante, elegante. No se si habremos llegado a un acuerdo, se eso no se trataba, pero expusimos sobre la mesa las cartas, y creo que la partida fue como un juego de caballeros, sin insultos, sin censura, sin defensas coaccionadas por la próximidad, ni la necesidad.


Escribo y tengo el buen tino y la clase, de haber atendido una antigua petición de no nombrar a nadie que no quiera. Pero escribo y escribiré sobre mi vida y mis sentimientos, y a veces mi vida y mis sentimientos se turban, se oscurecen. ¿Porqué podemos escribir de lo mal que no sentimos pero no aclarar porqué?. No es rencor, ni odio, ni maldad, ni merezco la horca como castigo, simplemente es el reflejo de la libertad que anida en mis pensamientos, y mi corazón. Las malas o fallidas relaciones no necesariamente tienen que ser entre malas personas. Son, seguramente, entre personas que no se entienden nada bien.


Morir?, es un sentimiento que he sentido bastante en el último mes. El dolor, el desgano, el abandono, y la fantasía de la muerte fue la música que sonó reiteradas veces en mi hogar, donde me encerré. Lloré varias veces hasta ahogarme, hasta saber que ya era hora de decir basta. No me puedo permitir el lujo de tener más pensamientos negativos. Mi cuerpo, mi cabeza, mi salud, no lo permitirán. Tampoco lo permiten las llamadas, las visitas, los emails, las videoconferencias, de mis amigos de siempre, y las palabras de un caballero hidalgo, gallego de mentira que con sus lanza de poemas arrancó de cuajo la inmovilidad de mi sofá cada vez más ataúdico, gélido de muerte. La Parca tendrá que esperar un poco más.


Quizá más que rencoroso, fui un poco peleador pica que pica, como me ha observado Pablito.


Pero bueno, si hay algo que no se puede explicar es el amor. Aquellos que nunca han tenido un amor, nunca la sabrán. Aquellos pobres que nunca se han desmayado con un beso, o derretido con unos brazos, o entregado su poder por una mirada, aún tienen mucho que se están perdiendo. Yo sentí mucho amor, muchas veces, y eso es muy bueno de recordar, aún cuando ese amor se haya diluído como arena entre los dedos.


Algunas noches he mirado la Luna con feas intenciones, pero luego he revisado mi corazón, y he visto que aún está lleno de amor, y me gusta que se llene de recuerdos aunque me pongan reloco.


2 comentarios:

Fede dijo...

me emocionó mucho lo de los recuerdos....y me hizo acordar a uno de los regalos más lindos que recibí en mis 32 años...un artículo de NX dedicado a mí !!!
besos y gracias..por todo !

Gus dijo...

y si, al final lo que queda es siempre lo de toda la vida, aunque le demos vueltas y vueltas, por algo son los de siempre.