Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

04 abril, 2007

Miércoles de ¿ceniza?



Anoche tuve un sueño, un sueño muy extraño, pertubador, ansioso.

No se si habrá sido el producto de la carga etílica y gastronómica resultante de la cena en honor de Arantxa y Enrique que di en mi casa, o la puta charla sobre los amores del pasado (puff), pero la cosa es que a las 6 de la madrugada me desperté angustiado, sudando, con el frío que hacía en Madrid, con ganas de levantarme y salir a la calle, así, casí desnudo, helado.

Y es que en la cena se habló de años atrás. Nos conocemos bastante y hemos compartido más de una experiencia, que si Carlos, que si cual, que si tal, que si que se yó, que si los hijos, los maricas, los padres, las ausencias, Euskadi (poco por suerte).

Acompañaban estos temas Snoopy y Pablito que estaba encantado de conocerlos, y se perdía un poco...por suerte para él, de tanto nombre extraño.

Pero hablábamos del sueño, tremendo.

En un momento alguién aparecía, alguién feo que me deseaba, con una sonrisa desdentada, pidiéndome que lo besara. No recuerdo muy bien sus ojos, pero sí sus dientes, separados, salivosos, horrendos. Recuerdo que lo rechazaba, y que me sentía fatal por ello.

¿Tanto daño hace el rechazo?.

Hoy me levanté cansado, la casa olía a humo de los miles de cigarros que fumaron todos...UFA. Los perdonó, claro.

Abrí todas las ventanas para que entrara aire fresco, a todo volumen puse Bach, y fregé las miles de copas y vasos que había por toda la casa, y eso que éramos sólo cinco personas, pero es que cuando me pongo en anfitrión, espero que todo sea estupendo.

Hace frío, no hay mucha gente dando vueltas por la calle, gris el cielo amenaza a taparse toda la Semana Santa.

Yo estoy de vacaciones.

Ayer rompí mi malificio de un mes y medio.

Me sentí bien, me cambió la cara.

¿Cuando me cambiara la tristeza que tengo en el alma?.

Y bueno, sí, debo confesarme ante ustedes: extraño, aunque guarde secretamente, extraño, más allá de lo que me conviene.

Qué se yó.

Pero cuando me pongo a pensar, me quedo en mis trece, me parece más sabio.

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