Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

20 abril, 2007

Estallido primaveral




Lindas noches comienzan a llenar de tonos celestes violáceos el cielo de Madrid, leves brisas ponen los pelos de punta si no llevamos un abriguito para la vuelta a casa del curro, que en mi caso es bastante tarde en la noche.
La ropa va quedando en casa, los jerseys y las chaquetas se cuelgan hasta la próxima temporada, y las plantas empiezan a brotar en los balcones.
Parece que todo vuelve a la normalidad de los buenos días, las claras tardes, las noches más largas.
Pero, ¿todo está en orden realmente?.
Las determinantes decisiones son tan firmes como columna de una serpiente. Los helados acechan desde el escaparate de Giangrossi, y vuelvo la vista a otro lado de las aceras de las tahonas, la cerveza helada, chorrea por los vasos ajenos, y me atiborro de fruta, agua, ensalada y pescado, porque me aprietan los vaqueros que hace unos meses me compré aprovechando mi inoportuna e involuntaria bajada de peso.
Una cara se me aperece por la pantalla del messenger, sonriente, feliz, con muchos años más, kilos, e hijos. El tiempo pasa para todos mi querida prima, y tu ya casi eres abuela. Todos rubios, eso sí.
De pronto me doy cuenta que a muchos kilómetros de mi, un tío que odiaba a todo el mundo, que se cagaba en las normas establecidas, que indudablemente tenía un problema con si mismo, coge unas armas y mata a una treitena de jóvenes, y no tan jóvenes, porque "se sentía mal y así son las cosas". Menudo mamonazo hijo de puta. Y me pregunto, ¿porque la gente que quiere hacer daño no se ata los huevos con alambres y se aplica, digamos, unos 220 voltios, o mejor se mete una barra de acero a 120º por el culo, a ver que tal?.
Ya es suficiente con que las potencias opriman social y económicamente a millones, que los desastres naturales se ceben casi siempre con los más humildes, que las enfermedades que atentan contra la vida no discriminen, y maten por doquier, que los pocos paises ricos tengan más posibilidades sanitarias que los cientos de pobres, o que asesinos, culpables de genocidio, caminen libremente por las calles de Buenos Aires, New York, Pekín, Madrid o Serbia, por citar algunos escasos ejemplos.
Y si ya es suficiente todo esto, ¿como se come que tengamos que aguantar que un "antisociedad", por cierto universitario, pijo, y malcriado, con suficiente capital como para hacerse de un arsenal, se dedique a matar a sus compañeros, porque tiene un día mal, o porque su puta novia lo dejó?.
Ya basta.
Estoy harto de peleas, discusiones, matanzas, invasiones, genocidios, ablaciones. Cansado de la impunidad, las habladurías, la crispaciones, y el rédito electoral. Hasta los huevos de la mala gente, la insolidaridad, el no te metas, el no me ames, los diagnósticos de portera, los armarios.
Me da lo mismo, exactamente lo mismo, que me crean un blando, un pacifista, un enamoradiso, un moña.
Me gusta la paz, el amor, las flores, los ángeles, y las canciones de Mina.
Me estalla el corazón de alegría estos días, y sí, quizá sea una subida de azúcar, y tarde o más temprano, me vuelva a costar escribir, pero de momento sigo apostando a ganador, porque el futuro está de mi parte, como siempre.
Las noches de Madrid me lo están poniendo fácil.
Hay que seguir tamizando; ya sin barro, y con mucha agua tras, encontrarás el brillante que todos andamos buscando.

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