Gustavo Pecoraro Brondino|Crea tu insignia

19 febrero, 2007

Porque vale la pena


Por las carcajadas del alcohol. Por las cenas caras. Por las bolsas plásticas de patatas fritas. Por los primeros besos recatados, esperados. Por los líquidos pegajosos huntados como en pan, sobre el pelo, el cuerpo, la cama. Por los regalitos, monos. Por las velas, más o menos. Por la distancia que ayuda a comprender. Por las pelis que nunca vimos y que me regalas. Por los discos que no entiendo. Por los vinos que aún tenemos que beber. Por la música romántica que odias. Por las sonrisas de la mañana, y los abrazos de la noche. Por los restaurantes a los que me invitarás. Por la poesía que generas en mi. Por lo moña que me pones. Por los vicios que conocemos. Por lo poco y por lo mucho. Por saber por donde. Por tener en claro por donde no. Por tu silencio. Por tu sapiencia. Por mi ansiedad. Por mi prurito. Por nuestra responsabilidad. Por las tardes. Por las mañanas. Por las noches. Por ayer. Por mañana. Por tus ojos. Por tus piernas. Por mi alegría. Por la escusa para viajar. Porque me haces estallar. Por tus patadas al hígado. Por pedirte. Por abarcarte. Por ver. Por callar. Por el chocolate. Por un helado de vainilla y fresa. Por caminar jadeando detrás sin importarme. Por protestón. Por el Moog. Por el bien. Por lo malo. Por el prefijo 93. Por que eres re lindo. Por John Galiano. Por los calçots. Por el Trivial, que siempre pierdes. Por reírnos siempre desde hace un tiempo. Por los vapores etílicos. Por las 5 de la tarde. Por que me llamaste. Por tanto. Porque no imagino que no. Porque no hacemos mal a nadie. Por la locura. Por la genialidad. Porque me haces sentir cojonudamente vivo. Porque no puedo olvidarte. Porque sí.

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